Lo que se anunciaba como una victoria sindical terminó siendo un balde de agua fría para las bases. Tras jornadas de lucha y medidas de fuerza que prometían un cambio de paradigma, el reciente acuerdo salarial para la rama acopio despertó un sentimiento unánime en los galpones y plantas: decepción y abandono.
El aumento anunciado, apenas superior al 18% fraccionado en tres tramos hasta junio de 2024, suena a burla frente a la escalada inflacionaria que devora el bolsillo de los trabajadores. El hecho de que el primer tramo sea retroactivo a octubre-noviembre no compensa la pérdida del poder adquisitivo acumulada. Para muchos operarios, recibir un incremento a cuentagotas en un contexto económico tan volátil es, en la práctica, aceptar una rebaja salarial encubierta.
La "solidaridad" que nunca llegó: Ramas divididas
Uno de los puntos que más duele en las bases es la fractura interna del gremio. Mientras los trabajadores de acopio ponían el cuerpo en el paro, las ramas de puertos privados y control mantuvieron sus actividades prácticamente sin alteraciones.
"Sentimos que nos dejaron solos. Mientras nosotros parábamos la producción, en los puertos y en control seguían como si nada. Esa falta de solidaridad fue el clavo en el ataúd de nuestra negociación", expresó un trabajador de acopio que prefirió preservar su identidad.
Esta falta de cohesión permitió que las patronales negociaran desde una posición de fuerza, sabiendo que el frente sindical estaba agrietado.
Un escenario judicializado y empresas en retirada
El panorama se vuelve aún más turbio con la salida de la Federación de Acopiadores de la mesa de negociación. El hecho de que el acuerdo del bono anual se haya tenido que firmar únicamente con CONINAGRO, y que el conflicto esté ahora judicializado ante la autoridad laboral, deja a los trabajadores en una situación de extrema precariedad laboral.
Un punto clave del descontento es el aumento insuficiente ya que el 18% en tres cuotas queda muy por debajo de las expectativas básicas de supervivencia. Además, generó gran malestar la falta de unidad con el nulo acompañamiento de puertos y control que derivó en un debilitamiento de la medida de fuerza. y, por otro lado, se vive una profunda incertidumbre legal por la retirada de la Federación de Acopiadores que pone en duda la aplicación efectiva de los beneficios en gran parte del sector.
El clima en las plantas es de extrema disconformidad. El sindicato celebra números que, en la realidad del supermercado, no existen. Mientras tanto, el trabajador de acopio mastica la bronca de haber sido el único que arriesgó el presentismo y el salario en un paro que, a la luz de los resultados, parece haber sido en vano.
