Lo que para muchos es tiempo de brindis, mesas largas y abrazos, para otras familias de la región se convirtió en una cuenta regresiva cargada de silencio. Frente a la sede del Ministerio Público de la Acusación (MPA) de San Lorenzo, el espíritu navideño fue reemplazado por un gesto tan simple como devastador: un árbol armado no con luces ni esferas, sino con fotografías. Rostros de hijos, padres, hermanos. Vidas truncadas por la violencia y la negligencia.
El “Árbol del Dolor” volvió a erigirse este lunes al mediodía como una forma de memoria activa. No hubo villancicos, pero sí testimonios que atravesaron el aire con la fuerza de lo irremediable. Historias distintas, unidas por un mismo hilo: causas judiciales que no avanzan al ritmo del duelo, y familias obligadas a convivir con una ausencia que se profundiza en estas fechas.
Entre las escalinatas del MPA, Verónica sostuvo la foto de su hija Brenda Sandoval, asesinada el 9 de diciembre de 2023 cuando estaba embarazada. A un año del crimen, la causa sigue sin respuestas. “No solo me llevó una vida, sino que se llevaron dos. Me arrancaron toda una vida. Nos dejaron destruidos”, dijo, con la voz quebrada. El ataque fue brutal y sin explicación: cuatro personas irrumpieron en una vivienda y dispararon. Desde entonces, el silencio judicial se volvió otro golpe. “La causa todavía no está resuelta. No sabemos qué pasó ni por qué”.
Brenda dejó también un hijo de seis años. Para Verónica, ese nieto es hoy el único ancla para seguir. “Sobrevivo por mi nieto, él es el que me da ánimo para levantarme todos los días”, confesó. Las fiestas, lejos de aliviar, agrandan el vacío: “Es una Navidad diferente. Ando por mis otros hijos, pero el dolor se hace más grande cada día que pasa”.
A pocos metros, Miranda compartía un dolor distinto, pero igual de hondo. Su hijo Gustavo Felipe murió el 6 de diciembre de 2024 junto a un amigo, en un choque entre una moto y un camión en Puerto General San Martín.
El conductor está identificado, pero la causa parece detenida. “Todavía no tenemos noticia. Nada, se estancó. ¿Por qué? No sé”, expresó. Mientras espera justicia, cría a sus nietos. Y piensa el brindis del 24 desde otro lugar: “Yo levantaría la copa el 24 para pedir justicia por todos estos chicos que están acá, toda esta gente, y por otros que no estén”.
La misma explanada fue testigo del reclamo de Maira, viuda de José Calderón, quien murió tras una feroz golpiza luego de intentar separar una pelea. José agonizó 28 días. Hoy hay detenidos, pero la familia siente que el tiempo judicial no acompaña el sufrimiento.
“Estamos acá acompañándonos entre nosotros. Lo único que queremos es justicia”, dijo. Y puso en palabras lo que atraviesa cada celebración: “A mí me destruyeron la familia, me arruinaron la vida. Esa silla vacía, el cariño de un papá… es muy triste pasar las fiestas sin un ser amado”.
Esa “silla vacía” también aparece en la historia de Estela Rueda Cesped, madre de Francesco Fiorucci, asesinado en 2023 en una balacera narco. “Lamentablemente se van sumando rostros al arbolito”, advirtió. En su casa, Francesco era quien colocaba la estrella del árbol.
“Eternamente, de acá hasta el día que nos muramos, hay una silla vacía que nunca más va a ser ocupada”. Aunque su causa pasará a una nueva estructura fiscal, los autores materiales siguen sin ser identificados.
Para Aldo, papá de Damián Franco, fallecido en un siniestro vial, la Navidad directamente dejó de existir. “Para mí no existe la Navidad. No hay nada”, afirmó. La causa avanza hacia un juicio abreviado, pero la familia cuestiona la carátula.
El hecho ocurrió en la intersección de Baigorria y Ruta 11 de San Lorenzo. Damián, de 35 años, circulaba en su motocicleta Corven cumpliendo con todas las normas de seguridad cuando fue colisionado por una Citroën Berlingo conducida por un hombre de apellido Acuña a quien la justicia imputó por homicidio culposo, pero el padre sostiene: “Para mí es un asesinato doloso porque tenía alcohol en sangre”, sostuvo, aun sabiendo que el proceso busca cerrarse.
El árbol frente al MPA no es un adorno: es un recordatorio incómodo. Cada foto interpela a un sistema que acumula expedientes mientras las familias cuentan los días sin sus seres queridos. En estas fiestas, cuando la alegría parece obligatoria, ellos vuelven a reunirse para decir que la justicia, cuando no llega, también duele. Y que hay ausencias que ningún brindis logra tapar.
