
Un joven de quinta división fue brutalmente agredido tras el pitazo final en un encuentro entre Colón y Combate. El hecho reabre el debate sobre la falta de seguridad y el clima hostil en las categorías formativas.
Lo que debería haber sido una jornada de deporte y formación terminó, una vez más, en las páginas de policiales. El pasado sábado, la cancha de Colón de San Lorenzo fue el escenario de un ataque premeditado que dejó como saldo a un jugador de quinta división herido y a una comunidad deportiva sumida en la indignación.
El clima de tensión no fue un estallido espontáneo, sino una situación que escaló ante la mirada de los presentes. Según el relato de la familia de la víctima, las hostilidades comenzaron promediando el segundo tiempo.
El agresor interceptó al joven y le propinó una golpiza sistemática. La madre del menor denunció que no se trató de un simple roce de juego, sino de una agresión directa y violenta que empaña el propósito del fútbol juvenil.
Este incidente se suma a una preocupante lista de episodios violentos en la región. La reiteración de estos hechos pone en duda la efectividad de los protocolos actuales y la capacidad de los clubes para formar deportistas que comprendan el respeto por el rival.
