Con apenas 17 años, Máximo Bazzana empieza a hacerse un nombre en el exigente mundo del motocross regional. Entrena desde hace tres años, compite desde hace dos y hoy llega a la última fecha del campeonato nocturno que se disputa en Laboulaye como líder de su categoría, con 20 puntos de ventaja. Detrás de ese presente alentador hay esfuerzo, constancia y una historia sostenida casi exclusivamente por el apoyo familiar.
“Arranqué a los 15 años”, cuenta Máximo en diálogo con SINTESIS, cuando recuerda sus primeros pasos en el deporte. La pasión venía de antes: “De chiquito me gustaban las motos y siempre me llamó la atención el motocross”. El empujón final llegó en la escuela secundaria, cuando un compañero apareció con una moto de cross. “Ahí empecé a decirle a mi viejo que quería correr”, relata.
Sin grandes recursos ni estructura, el inicio fue bien artesanal. Junto a su padre armaron una Yamaha XTZ 125, con la que empezó a entrenar los fines de semana en un circuito de San Lorenzo, propiedad de un amigo de la familia. “Íbamos todos los fines de semana”, recuerda. Las primeras carreras llegaron en 2023 y, ya en 2024, comenzó a competir con mayor regularidad en la zona.
Los resultados no tardaron en aparecer. “En la primera carrera quedé segundo”, dice. Y ese fue, durante un tiempo, un patrón que se repetía: segundos y terceros puestos, incluso sin entrenador formal. “Entrenaba solo, con mi viejo, que por ahí me decía algunas cosas, y nada más”, admite. El salto de calidad llegó cuando empezó a entrenar con Nicolás Traversa, profesor de Arroyo Seco. “Ahí ya empecé a ganar carreras”.

(Podio en Laboulaye)
Hoy, Bazzana corre en la categoría 250cc y se prepara para nuevos desafíos. Además del campeonato nocturno -que tuvo fechas en diciembre, enero y dos en febrero, siempre en el mismo circuito de Laboulaye-, proyecta competir este año en el campeonato cordobés, que comienza en marzo. Para eso, desde el año pasado entrena con Gustavo “Bebo” Rivero, reconocido formador de Córdoba.
El presente lo encuentra con chances concretas de lograr su primer campeonato. “Gané carreras, pero campeonatos todavía no”, aclara, con los pies sobre la tierra. El objetivo inmediato es cerrar bien la última fecha, que se corre el sábado 28, en formato nocturno. “Todo se hace el mismo día: clasificación y carreras”, explica.
Detrás del crecimiento deportivo aparece un costado menos visible, pero clave: el económico. “Es un deporte bastante costoso”, reconoce. La moto, el mantenimiento, la indumentaria, los traslados y la preparación física representan un gasto permanente. “Este año vamos a tratar de buscar algún sponsor, porque mi moto ya cumplió su vida útil”, admite.
En lo mecánico, el equipo también es chico y de confianza. “Las cosas más complejas las hace un amigo de Serodino, Kevin Braidotti, que entrena conmigo. El cambio de aceite y el filtro de aire se los hago yo”, detalla. El resto corre por cuenta de la familia. “Hasta ahora lo ponemos nosotros. Mis padres son increíbles y me apoyan”, dice, sin dudar.

Máximo vive en Pueblo Andino y este año comienza quinto año del secundario, combinando estudio y deporte. La semana se reparte entre gimnasio, trote, bicicleta y, cuando puede, entrenamientos en moto. “A veces los miércoles voy a andar”, cuenta.
Aunque sueña con llegar más lejos -“me gustaría probar alguna fecha del nacional”, confiesa-, no pierde de vista el proceso. “Los campeonatos más grandes hoy son el bonaerense y el cordobés. El nacional es el mejor, ahí van los mejores de toda la Argentina”, explica, consciente del nivel que exige ese salto.
Sin antecedentes familiares en el deporte motor (“soy el primero de la familia”), Bazzana avanza paso a paso, a pulmón, con el respaldo de los suyos y la convicción de que el esfuerzo cotidiano también se corre, se entrena y se gana fuera de la pista.
