La reconocida actriz dialogó con SINTESIS antes de su presentación este jueves 4 de junio en la Sala Aldo Braga. Un viaje al corazón de un thriller psicológico que promete dejar al público "con los pelos de punta".
El próximo jueves 4 de junio, la ciudad de San Lorenzo se convertirá en el epicentro del suspenso teatral. La aclamada obra "El cuarto de Verónica", un thriller psicológico escrito por Ira Levin (reconocido autor de El bebé de Rosemary), llega a la región en el marco de una esperada gira. La cita será a las 21:30 hs. en la Sala Aldo Braga, y las entradas ya se pueden adquirir en boletería o a través del sistema Ticketway.
En una charla íntima y exclusiva con SINTESIS, su protagonista, la prestigiosa actriz Silvia Kutica, reveló las sensaciones del elenco ante este desembarco: "Vamos a estar el jueves en San Lorenzo. Tenemos una recorridita de jueves, San Lorenzo, el viernes Cañada Rosquín y el sábado San Nicolás", enumeró.
Respecto a lo que aguarda de los espectadores locales en esta nueva etapa, la actriz se mostró entusiasmada y confiada: "Esperamos que el público nos responda como siempre. Es una obra que lleva unos cuatro años de gira, que estrenamos poquito después de la pandemia, o con la pandemia ahí, cuando ya empezaban a abrir los teatros. Es una obra de suspenso, es un género que en teatro no se ve mucho, es misterio", destacó.

El público como detective y la magia del teatro
La trama de la obra es un engranaje perfecto diseñado para descolocar a la audiencia de principio a fin. Kutica explica que la estructura de la pieza rompe con los esquemas tradicionales, obligando a los asistentes a involucrarse de forma activa: "Hasta el último momento la gente no llega a armar la historia, es todo sorpresivo. Va teniendo distintos quiebres a lo largo de la obra y va sorprendiendo a la gente que se tiene como que rearmar la historia. Yo digo que se convierten en detectives privados y van viendo quién es quién". A su vez, destaca el abanico de emociones que atraviesa la función, señalando que "es muy entretenida, tiene muchos momentos de humor y en algunos momentos se pone muy oscura, muy intensa".
Para el equipo, sostener un proyecto de estas características en cartelera durante tanto tiempo es un claro reflejo del apoyo popular. "Esperamos que la gente nos acompañe como nos acompañó. Imagínate llevar así adelante una obra durante tantos años. Quiere decir que la gente ha respondido, que le ha gustado, que el boca a boca funcionó. Entonces esperamos que suceda lo mismo en San Lorenzo. Creo que es la primera vez que vamos a San Lorenzo con esta obra. Y creo que a Cañada Rosquín también, a San Nicolás me parece que ya fuimos" rememora la actriz.
Al comparar la experiencia de la mítica Calle Corrientes con el recorrido por las provincias, Silvia nota una calidez muy particular en el interior del país: "Creo que la gente es como un poco más demostrativa en el interior. Porque bueno, es esta expectativa de ver por ahí actores que ha visto en tele, que ha visto en distintos trabajos. Acá [en Buenos Aires] es como que te cruzas mucho más fácilmente con actores. Acá en Buenos Aires, en Capital, en calle Corrientes, la gente ya está acostumbrada. Como hay tantos teatros ahí, vos estás paseando y vas encontrando sí o sí. Sobre todo a la hora que empiezan las funciones, no es raro verlo. Entonces calculo que en el interior, esa cosa de verlo a uno por primera vez, está como esa expectativa o esas ganas de conocerlo, de ver cómo es. Entonces la gente también más demostrativa, se sorprende más de verte en algún negocio o comiendo, y lo disfruta mucho, o sea, te demuestra que está contenta, que le gusta verte. Entonces es muy emocionante, es muy lindo, de verdad".

El camino recorrido y la intensidad del escenario
Al mirar hacia atrás y evaluar el fenómeno que ya superó ampliamente las mil funciones -aunque, según admite entre risas, "creo que bastante más, pero no las contamos porque en las giras nos perdimos un poco"-, Kutica recuerda los lógicos temores que aparecieron al momento del estreno en un contexto social tan delicado.
"Primero me digo que no nos equivocamos, porque también nos surgió el interrogante con la pandemia, con la tristeza que había y la cosa tan dura que fue el encierro ¿Qué podía suceder presentando una obra que si bien tiene humor, se pone muy intensa en algunos momentos y muy oscura? Entonces decíamos, bueno, ¿la gente aceptará esto después de tanta oscuridad? Es como que en ficción ves más oscuridad. Pero luego supimos que no nos equivocamos, porque la gente nos apoyó y nos sigue. Hay gente que la vio dos o tres veces para terminar de descubrir algunas cositas, algunos secretitos que se mantienen ahí en la obra".
Para lograr mantener cautivo al público noche tras noche, el texto original resulta una pieza clave. La actriz elogia la pluma del autor, a quien define con humor y respeto: "El libro en realidad es un libro espectacular. Es un libro que escribió Ira Levin, que entre otras cosas hizo El bebé de Rosemary, que fue una película de terror tremenda, ya tiene sus años, pero se ve que es un maestro describiendo el suspenso, llegando a límites que hay que sostener, hay que soportar. Y a nosotros nos encanta, para mí es muy divertido hacer la obra. Te provoca también, a pesar de haberla hecho tantas veces, me mueve mucho interiormente y a mis compañeros también. Nunca dejamos que se automatice, que se mecanice. No es esto de decir 'la voy a hacer por la vez 2000, no sé qué'. No, es una obra que necesita que vos estés metido ahí. Porque si no, es un relojito, entonces vos perdés esa exactitud y corres el riesgo de que el espectador se distraiga. Y no podés dejar eso, no se permite eso en esta obra".
A pesar de que el autor era sumamente celoso de sus derechos -"Mira, es muy malo Ira, o era muy malo, nos hizo trabajar mucho en esta obra", bromea Silvia-, la puesta logra traspasar la barrera teatral clásica. "Es muy cinematográfica, absolutamente. Pero la gente también, un comentario que nos hace, es como ver cine en vivo, con los actores ahí, moviéndose delante tuyo. Entonces tiene un doble atractivo. Y mediante las luces, hay mucho juego de luces. Hay una musiquita que es muy macabra también, que ya recibe al espectador mientras se va acomodando. Es una musiquita que ya te empieza a poner nervioso. Como de niños, un corito de niños medio malévolo. Así que yo creo que ya con eso vas entrando a la sala y vas pensando: bueno, ¿en qué me metí?, ¿qué metí en el cuarto de Verónica?".
Desafiando los límites personales: De la locura a la realidad
Sumergirse en un relato tan denso implica un fuerte desgaste para el elenco, compuesto también por Fabio Aste, Tania Marioni y Adrián Lázare (quien además asume la dirección). Kutica detalla el curioso proceso psicofísico que experimenta cada noche al bajar el telón: "Es complejo de describir, porque me pasa que en los minutos que tengo cuando la obra termina, que estamos saludando al público, ahí realmente es cuando empiezo a sacarme el personaje de encima, a respirar aunque quedo con la respiración muy agitada, y con la cabeza llena de fantasmitas. Entonces en esos momentos en los que vas saludando a la gente, y vas viendo la sonrisa, el aplauso, uno va empezando a bajar, y ya después ves a la gente y te produce una gran alegría, una gran ternura, es bastante rápido el pasaje de esa locura a la realidad".
Al profundizar en la trama, se evidencia la complejidad de los roles que asumen en escena: "Lo disfruto todo, de verdad, porque hay tres actores que componemos varios personajes. Yo al principio, bueno con Fabio, hacemos unos viejitos que invitan a una pareja de jóvenes a entrar al cuarto de Verónica, porque Verónica fue una chica que vivió en esa casa, en ese cuarto, pintaba ahí adentro, hacía como bijouterie, tenía muchas actividades ahí adentro, y ella muere en esa casa. Entonces a la chica que invitan a entrar a ese cuarto, dicen los viejitos que es una chica que es exactamente igual a esta Verónica que vivió en ese cuarto, y que le quieren mostrar una foto, le quieren mostrar como un poco la vida de esa chica en ese cuarto. Y esta joven acepta, y ahí es la entrada al cuarto de Verónica y la dificultad o la imposibilidad que se le presenta después de salir de ese cuarto".

La crisis de la ficción televisiva y el refugio del teatro
La conversación también derivó en la realidad laboral de los artistas y el actual vacío de producciones nacionales en la pantalla chica. Para la actriz, el panorama es complejo y justifica el actual fenómeno de las salas teatrales llenas: "Sí que falta ficción, obviamente falta ficción. Si vos ves la tele de aire, las ficciones están reemplazadas por realities, que está todo bien, estaría bárbaro si pudiesen convivir con ficciones con actores, como se hacía antes, con novelas, con unitarios. Entonces estaría fantástico, pero bueno, no sucede eso, hay una gran crisis".
Kutica analiza que el auge del streaming tampoco llega a suplir el trabajo diario de la vieja industria televisiva: "Está el tema de las plataformas, pero lo que tienen las plataformas es que es trabajo para muy pocos actores, en general el trabajo se termina en dos o tres meses, ya está, es como hacer una película más o menos. No se produce esa cosa cotidiana del laburo de una novela, por ejemplo, que ibas un año al mismo canal, mismo estudio, con los técnicos, con productores, directores, vestuario, maquillaje... todo se armaba como una gran familia. En las plataformas, bueno, vas, obviamente disfrutás el trabajo, uno trata de disfrutarlo, pero vas cambiando de dirección, de producción, de compañeros, entonces resulta un poquito más frío. Y por eso también vemos que Calle Corrientes está explotada de obras de teatro, porque los actores se van volcando más que nunca al teatro, y también que van a empezar a girar. Va a haber muchas obras que por ahí no se sostienen, ya cumplieron un ciclo en Calle Corrientes, y van a salir de gira, entonces también prepárense porque van a estar inundados de obras de teatro".
Frente a esta coyuntura, Silvia reflexiona sobre cuál considera que es el verdadero reto de la actividad en la actualidad: "El mayor desafío es el tema de las entradas, que la gente pueda acceder a ver teatro. A mí me encantarías que la gente pueda ver, hay un montón de obras que están buenísimas, y me da mucha cosa que por ahí la gente tenga que elegir entre todas esas obras, y no poder darse eso que se transformó en un lujo, que debiera ser algo cotidiano también, de ir a ver una película, de ir a ver una obra de teatro, de escuchar buena música. Que se vaya restringiendo, me parece que ese es un desafío. Y también ir buscando buenas obras, que te hagan reflexionar. A mí me encantan las comedias, pero me gusta mucho más una obra que te deje pensativo, que te deje reflexivo. No que tengas que llorar todo el tiempo, pero de verdad que te deje distinto a lo que entraste a ver la obra, que te conmueva y que te modifique, eso me parece que es el desafío que tenemos que seguir provocando".
Entre mates, camaradería y cábalas de camarín
Para cerrar la entrevista, la actriz reveló la trastienda de la convivencia del elenco durante los viajes y los infaltables rituales previos a salir a escena. Lejos de las distancias estelares, el grupo se maneja con una dinámica sumamente unida y horizontal: "Durante la gira viajamos juntos, estamos en el mismo hotel, almorzamos juntos, después cada uno se va a dormir a su habitación. Pero normalmente, ya bastante antes del comienzo de la obra, nos juntamos, tomamos un café, pasamos letra, aunque para esta altura seguimos pasando letra. O vamos al escenario, obviamente para recorrerlo, porque todos los escenarios son distintos, distintas medidas, distintas patas... bueno, es distinto. Entonces vamos al escenario, ayudamos siempre a ver utilería, que esté todo correcto, que esté todo bien".
Por último, detalló la clásica cábala que comparten segundos antes de que se enciendan los reflectores: "Tenemos el ritual de desearnos mierda, perdón por la palabra, pero es lo clásico. Nos agarramos las manos, cinco minutos antes de empezar la función, y normalmente estamos atrás de la puerta del cuarto de Verónica, agarrados de la mano, y cuando empieza la musiquita, la música para salir, bueno, obviamente soltamos y decimos: 'bueno, buena función ahí'. Así que ese es un ritual. Y después ir a comer, que es el ritual clásico".
Con la calidez que la caracteriza, Silvia Kutica despidió la nota extendiendo una tentadora y misteriosa invitación para toda la comunidad: "Los invitamos a que nos acompañen, que entren con nosotros a ese cuarto de Verónica, que los va a conmover, y les va a dejar los pelitos de punta, como decimos nosotros. Van a estar en la butaca varias veces, se van a divertir, y bueno, van a tener que investigar a ver quién es quién ahí".
Ficha Técnica
El Cuarto de Verónica
Autor: Ira Levin.
Intérpretes: Silvia Kutika, Fabio Aste, Antonia Bengoechea y Adrián Lázare.
Vestuario: Pablo Battaglia y Miriam Manelli.
Escenografía: Leonardo Altamirano.
Luces: Gisela Marcheti.
Música: Martín Bianchedi.
Dirección: Virginia Magnago.
Sala: Actor Aldo Braga, Centro Cultural Municipal de San Lorenzo. Entre Ríos 510
Función: Jueves 4 de junio, 21,30 hs.
Duración: 80 minutos.
Entradas: Ticketway o en boletería del teatro.
