
La noche del jueves se vivió con clima de gran evento en el Teatro Municipal Aldo Braga de San Lorenzo. Con una sala que lucía colmada por el público, la expectativa era alta para recibir a "El cuarto de Verónica", la aclamada pieza de Ira Levin (autor de El bebé de Rosemary) que viene recorriendo el país y la promesa se cumplió con creces.
Desde que las luces se apagan en la sala, la obra tiene la virtud de atrapar al espectador de inmediato. No hay preámbulos innecesarios: la atmósfera se espesa rápido y te sumerge en una intriga psicológica que no da respiro. A medida que la trama avanza, el suspenso se vuelve casi físico, sosteniendo una tensión constante apuntalada por varios giros mentales que obligan al público a recalcular todo el tiempo qué es real y qué es parte de una macabra puesta en escena.
El gran motor de esta maquinaria de intriga es, sin dudas, su elenco. Silvia Kutika despliega toda su experiencia con una actuación descomunal, transitando con total naturalidad los distintos matices y capas que exige su perturbador personaje. A su lado, Fabio Aste ofrece un trabajo sumamente sólido, aportando el contrapeso perfecto y una sobriedad actoral que potencia el misterio reinante en el escenario. Ambos, muy bien acompañados por el resto del elenco, logran que el espectador quede atrapado en esa red de mentiras y secretos.
En cuanto al plano técnico, la puesta en escena es sencilla pero sumamente acertada para la trama. Lejos de necesitar efectismos o grandes despliegues escenográficos, el diseño del espacio se concentra en recrear esa habitación asfixiante de los años 70, donde el juego de luces y la ambientación sonora juegan un rol clave para potenciar el aislamiento y el desamparo de los personajes.
El clímax de la noche llegó con el final. El teatro estalló en un cerrado y unánime aplauso de pie, un reconocimiento genuino de la platea sanlorencina ante la entrega de los artistas. Conmovidos por la ovación, los actores rompieron la cuarta pared para agradecer profundamente la calidez y el silencio respetuoso de la sala, adelantando además que el misterio de El cuarto de Verónica no se detiene: la gira santafesina y bonaerense continúa sus próximas escalas en Cañada Rosquín y San Nicolás.
Una noche de teatro de alto impacto que demostró, una vez más, que San Lorenzo responde con entusiasmo cuando la cartelera ofrece propuestas de semejante calidad artística.
Una propuesta imprescindible para los amantes del buen suspenso, sostenida por actuaciones impecables y una tensión que te acompaña hasta abandonar la sala teatral.
