Un enfoque multiagencia para América Latina. Un nuevo paradigma frente al crimen organizado: seguridad, tecnología, capacitación e inclusión comercial como herramientas para prevenir el delito.
Ante la creciente evolución de las estructuras criminales en América Latina, expertos internacionales y referentes en seguridad impulsan un replanteamiento profundo sobre cómo enfrentar el narcotráfico, el narcomenudeo, el crimen organizado y las nuevas formas de terrorismo que se infiltran silenciosamente en las economías populares y en los sectores más vulnerables de la sociedad.
Durante las jornadas de capacitación técnica y táctica de alto rendimiento desarrolladas recientemente en Caesarea, Israel, se analizaron escenarios de conflicto complejos que pusieron de manifiesto la necesidad de trascender las respuestas exclusivamente punitivas y avanzar hacia un modelo integral de prevención, inteligencia, capacitación y desarrollo social.
En ese marco, se produjo una reunión con Amir Ofek, director general adjunto para América Latina y el Caribe del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel, junto con equipos técnicos de la Cancillería israelí vinculados a las áreas de educación, seguridad y bienestar social.
Durante el encuentro se analizó la necesidad de reforzar estrategias de seguridad, incorporar tecnología, profundizar la capacitación y fortalecer la cooperación internacional como herramientas para anticiparse a las nuevas modalidades del crimen organizado y prevenir la expansión del terrorismo y de las estructuras criminales.
Uno de los principales ejes abordados fue la necesidad de complementar las políticas de seguridad con estrategias capaces de intervenir sobre las condiciones sociales y económicas que pueden favorecer la incorporación de jóvenes a circuitos delictivos.
El crimen organizado y la exclusión social
El diagnóstico compartido señala que el narcotráfico opera como puerta de entrada a un entramado delictivo más amplio que incluye el tráfico humano, la explotación y el tráfico de armas. Asimismo, la expansión de la denominada “narco cultura” a través de plataformas digitales y herramientas de inteligencia artificial acelera la asimilación de tácticas terroristas y violentas en el tejido social cotidiano.
Frente a este escenario, la propuesta plantea que la prevención del delito no puede limitarse a la persecución de las organizaciones criminales una vez que ya están instaladas, sino que debe actuar anticipadamente sobre los factores que generan vulnerabilidad. En la actualidad, esta problemática se refleja con crudeza en las estadísticas: 7 de cada 10 jóvenes se encuentran inactivos entre los 18 y 25 años, solo el 14% tiene un empleo formal y el 10,7% lleva más de 6 meses buscando trabajo de manera infructuosa.
Plan Yotsma: inclusión comercial para prevenir el delito
El núcleo de la propuesta radica en la implementación del Plan de Inclusión Comercial conocido como Yotsma, basado en la generación de oportunidades económicas concretas para los sectores más excluidos, adaptado a las necesidades de un país como Argentina.
“Este enfoque parte de una premisa crítica: el motor principal que alimenta a las bandas criminales y el narcoterrorismo es la vulnerabilidad estructural de millones de jóvenes atrapados en la exclusión de las tres NI: ni estudian, ni trabajan, ni buscan empleo”, explicó Daniel Adler, especialista en seguridad y contraterrorismo, único argentino que participó de estos ejercicios.
“Debemos apuntar a brindar soluciones orientadas a revertir el desahucio social”, aseguró Adler.
El modelo sostiene que la respuesta policial es indispensable frente al delito, pero que resulta insuficiente si no está acompañada, en paralelo, por una transformación económica que permita recuperar la esperanza, generar un proyecto de vida legítimo y ofrecer alternativas concretas a quienes se encuentran al margen del sistema productivo.
En ese sentido, el Plan Yotsma propone avanzar en un esquema de inclusión comercial de corto plazo, destinado especialmente a los sectores más excluidos, con el objetivo de generar oportunidades de trabajo, emprendimiento y acceso al circuito económico formal que puedan funcionar como una herramienta concreta de prevención y disuasión del delito y la marginalidad.
“La lucha contra la inseguridad no es solo una cuestión de patrullaje o persecución táctica; también es una herramienta para reducir el déficit fiscal y reconstruir el tejido social. Al formalizar emprendimientos y generar oportunidades comerciales a corto plazo, el Estado logra que más ciudadanos se incorporen al circuito productivo, desactivando el caldo de cultivo del delito”, manifestó el referente en seguridad.
Seguridad, tecnología y capacitación
Otro de los puntos centrales analizados durante la reunión con el embajador Amir Ofex y los equipos técnicos israelíes fue la necesidad de fortalecer las capacidades estatales mediante tecnología, capacitación especializada e intercambio de conocimientos.
La propuesta apunta a generar mecanismos de cooperación que permitan mejorar la detección temprana de amenazas, fortalecer las capacidades de prevención y respuesta frente al crimen organizado y el terrorismo y brindar capacitación permanente a los actores involucrados en las políticas de seguridad.
El abordaje contempla, además, una articulación entre las áreas de seguridad, educación y bienestar social, entendiendo que la prevención efectiva requiere intervenir simultáneamente sobre las amenazas criminales y sobre las condiciones que generan exclusión y vulnerabilidad.
Una respuesta multiagencia
Para enfrentar el problema a escala nacional y regional, el modelo de intervención exige una coordinación interministerial e inter agencia que articule seguridad, economía, educación y desarrollo social.
Ministerio de Seguridad: despliegue operativo, persecución de bandas criminales de alta complejidad y entrenamiento táctico especializado.
Ministerio de Economía: incentivos fiscales, formalización comercial y herramientas que promuevan un ecosistema de emprendedores prósperos, reduciendo la dependencia de subsidios y fortaleciendo las cuentas fiscales.
Educación y Desarrollo Social: generación de herramientas de capacitación, formación, empleabilidad y contención destinadas especialmente a jóvenes y sectores socialmente vulnerables.
Tecnología e inteligencia: incorporación de herramientas tecnológicas y sistemas de prevención que permitan anticipar amenazas y mejorar la capacidad de respuesta frente al crimen organizado y el terrorismo.
Capacitación policial: desarrollo de cursos intensivos, tácticos y académicos, destinados a fuerzas federales y locales, con intercambio de experiencias, homologación de protocolos y fortalecimiento de las capacidades de prevención temprana.
De la persecución del delito a la prevención
La experiencia analizada en Israel plantea la necesidad de evolucionar hacia un concepto de seguridad que no se limite a reaccionar frente al delito, sino que sea capaz de anticiparlo, prevenirlo y reducir las condiciones que permiten su expansión.
La propuesta busca, de esta manera, combinar la acción de las fuerzas de seguridad y las herramientas de inteligencia con políticas de inclusión económica, educación, capacitación y bienestar social.
“La experiencia acumulada en estas misiones internacionales demuestra que es posible revertir la apatía social y el deterioro institucional en América Latina, transformando la seguridad en un pilar de desarrollo económico, estabilidad fiscal y paz duradera”, finalizó Adler.
La iniciativa plantea así un nuevo paradigma: combatir el crimen organizado con seguridad y tecnología, prevenir el terrorismo con inteligencia y capacitación y combatir la marginalidad generando oportunidades reales de inclusión comercial y desarrollo.
