A un año de su última travesía al archipiélago, el veterano relata la experiencia de volver con sus hijos y el impacto de caminar por Darwin. "No fueron vacaciones, fue un reencontrarse con la memoria", afirma.
Para Sergio Stechina, regresar a las Islas Malvinas nunca es un viaje de placer. Recientemente, al cumplirse un año de su última visita, el excombatiente reflexionó sobre lo que significó volver a pisar la isla, esta vez con una carga emocional distinta. "La sensación siempre es extra, por el tema de que no fueron vacaciones; fue un reencontrarse con la memoria y con los compañeros", explica Sergio, diferenciando este viaje de cualquier otro destino turístico.

Aunque Sergio ya había regresado en 2014 junto a su esposa, esta travesía tenía un objetivo claro: sus hijos. Tras años de postergaciones por la pandemia y la situación económica, el viaje se concretó como un hito familiar. "Esta vez fue un plus porque fui con mis dos hijos, que era una promesa que tenía pendiente", señala.
El azar quiso que el viaje coincidiera con su aniversario de nacimiento: "El 13 era mi cumpleaños, así que era un festejo inusual, digamos, que no era el mismo festejo de acá". Sobre la preparación previa, Sergio prefirió la entrega emocional antes que la planificación rígida: "No me preparé de forma distinta, dejé que ocurran las cosas... vos te vas y siguen ocurriendo".

Stechina relata con precisión la diferencia de llegar al suelo malvinero por aire en lugar de por mar, como lo hizo en otras ocasiones. "No es lo mismo llegar en un barco que en un avión, porque el avión ve la isla de arriba cuando vas por aterrizar... el avión tiene otro condimento". Al bajar, se reencontró con el clima hostil que marcó su juventud en 1982: “Les decía a mis hijos: 'miren que esto no es ir y tener sol todo el día, acá llueve a los 20 minutos'".
El recorrido lo llevó de regreso a Ganso Verde, su posición durante el conflicto, y al Cementerio de Darwin, un lugar que impone un respeto absoluto. "En el cementerio se terminan todas las comodidades, la risa y las charlas; es todo más meditación. Es visitar a los compañeros... es más especial que ir a un cementerio acá en el continente", confiesa conmovido.

"Estar allá te cambia la cabeza"
A pesar de ver una isla modernizada, con rutas pavimentadas y una base militar que define como "una guazada, algo nunca visto, una cosa grandísima", Sergio sostiene que lo esencial del paisaje de guerra permanece intacto en los montes. "Todos los montes, tanto sea London o Dos Hermanas, todo eso quedó como un gran campo de batalla".
Para Stechina, la "malvinización" no se agota en las palabras. Su mensaje para los jóvenes es que la verdadera magnitud de la soberanía se siente en el cuerpo. "No es lo mismo que yo te hable, a estar precisamente en el lugar. El estar allá te cambia un poco la cabeza de lo que vos pensás acá, de lo que te comentan. Es como el Campo de la Gloria: cuando lo ves, te cambia la cabeza, no es lo mismo que escucharlo".
Aunque los costos económicos son hoy una barrera difícil de franquear -menciona cifras cercanas a los 4.500 dólares-, Sergio no siente que este viaje haya sido una despedida. "No funcionó como un cierre, la puerta abierta está para volver. Al menos para ir al cementerio de vuelta, que es lo más importante", concluye.
