Henry Kissinger, en su último libro, publicado antes de su muerte, llamado Orden Mundial, expone extensamente sobre las diferentes etapas de la historia en que los "ordenamientos mundiales", específicamente en Europa, marcaron a la actualidad en el modo de acceder a los problemas entre las naciones. Por supuesto el mundo en aquella época eran los territorios europeos, no se tenían en cuenta las salvajes tierras americanas y el misterioso y cerrado en sí mismo oriente, con China como uno de los exponentes.
Kissinger centra su análisis en el equilibrio que debe existir entre legitimidad y poder, como forma de articular las diferentes fuerzas que surgen de los países. Cuando hay un equilibrio las fuerzas estarían controladas en sus manifestaciones más agudas, pero cuando se rompe ese equilibrio se desatan las fuerzas incontroladas de la violencia, hasta que un nuevo orden reemplace al anterior, que no supo o no pudo controlar esa porción de la historia.

Esto podría darnos una pista para entender lo que está ocurriendo en la actualidad, con las arremetidas de Donald Trump que deja perplejos a muchos por la inusitada decisión que ha tomado sobre Venezuela y ahora con Groenlandia.
Evidentemente, Estados Unidos y Rusia intentan establecer un equilibrio que inevitablemente desembocará en un nuevo orden mundial. En apariencia, parecen repartos de botines saqueados a fuerza de matonismo, pero en realidad no es nuevo en la historia de este mundo en que la realidad se presenta resbaladiza y el pensamiento colectivo falto de memoria.
Generalmente, los equilibrios mundiales se logran después de guerras que dejan una huella imborrable en las sociedades que la padecen. Y muchas veces se logra con fuerza espontánea, para marcar territorios reales y económicos. Estados Unidos ha mantenido una existencia opacada en el ámbito internacional. Mientras China avanzó en tecnología e invadió con su economía los territorios occidentales más remotos, Estados Unidos solo demostró avances en el territorio cultural de la cinematografía hollywoodense y exhibió algunos castigos anecdóticos como la caza de Bin Laden o la caída de Sadam Hussein. Por supuesto que detrás de todo eso están los negocios, como siempre lo estuvieron detrás del ejercicio del poder político y hasta de las mismas guerras.
Pero ahora se percibe algo más, que está relacionado con los grandes acontecimientos que son bisagras en la historia. Y no se trata solamente de las acciones del gobierno de Trump o de Putin. Porque en Argentina también tenemos un ejemplo con el ascenso al poder de Javier Milei, alguien subestimado y odiado hasta por los mismos que lo ayudaron a ganar elecciones, que ha exhibido una forma de hacer política completamente escindida de la tradición cívica.

Para entender los movimientos de la historia, ya sean olas, mareas o tsunamis, hay que despojarse de toda emoción y tratar de ver y analizar con la mayor objetividad posible, ayudados por las herramientas que ofrece la ciencia de la historia. Y conocer los hechos del pasado y analizarlos en su contexto para poder entender este presente y hacia qué futuro se dirige. O por lo menos, detectar adónde se quieren dirigir los actores principales que están haciendo historia con sus decisiones y acciones.
Gobiernos como Venezuela y Cuba están estancados en el tiempo y eso los convierte en blanco fácil de la historia. Una historia que en el pasado se caracterizaba por periodos de una espera prolongada o de acontecimientos intempestivos y violentos como las guerras. Sin embargo, hoy los tiempos de la historia son más veloces, aunque se vean opacados por la inalcanzable velocidad del avance tecnológico.
Era de esperar que en cualquier momento los actores de la historia actual aceleraran el paso para definir un nuevo orden ¿Cuál será ese orden? Se puede olfatear, pero no visualizar completamente, pues la historia también ha demostrado que ciertos acontecimientos están atados a situaciones difíciles de prever, ya que la historia es protagonizada en su mayor parte por las acciones humanas.
Europa, la que fuera bárbara en la edad antigua, la que definió la historia de la humanidad, hoy se encuentra desorientada y atada a un destino al cual no puede controlar. Dos personalidades como Putin y Trump parecen haber salido de los anaqueles de los libros de historia. Como napoleones modernos intentan forzar la historia en determinada dirección.
Y en este nuevo orden mundial que se está gestando: ¿hacia dónde se dirige Argentina? ¿Podremos estar a la altura de las circunstancias y aprovechar estos momentos para salir de nuestros propios padecimientos?
