“El crimen de la guerra”

 

Cada vez que en el mundo ruge la voz de la guerra las sociedades se adentran en una oscuridad sin límites, todos saben cómo comienza a oscurecerse el clima, pero nadie sabe cuándo llegará la luz que los aleje de la violencia insensata.

Si hay alguien que definió a la guerra en su tonta dimensión fue el genial Jorge Luis Borges. Con su fina ironía y su ácida “ignorancia” dijo que la guerra es como “la pelea de dos calvos por un peine”.

 

Esa nada de poder a la que los seres humanos se han acostumbrado durante épocas remotas señala la escasa sabiduría que hemos acumulado. En épocas de redes informáticas que nada tienen de sociales, sino tan solo de abundante ignorancia, son un caldo de cultivo para la violencia. De hecho, las conductas más abyectas que conducen a una violencia cada vez más creciente, justifican ese estado de guerra que se cristaliza en conflictos entre países o regiones. 

Juan Bautista Alberdi, en el excelente ensayo “El crimen de la guerra”, realizó un análisis filosófico de las diversas instancias de las guerras a lo largo de la historia, haciendo hincapié en la naturaleza y el derecho de la guerra, tirando abajo cualquier concepto que quisiera justificarla. “El crimen de la guerra. Esta palabra nos sorprende, sólo en fuerza del grande hábito que tenemos de esta otra, que es la realmente incomprensible y monstruosa: el derecho de la guerra, es decir, el derecho del homicidio, del robo, del incendio, de la devastación en la más grande escala posible; porque esto es la guerra, y si no es esto, la guerra no es la guerra”, afirmó en el inicio de su obra, en una aproximación a su definición.

 

Las dos guerras mundiales del Siglo XX alertaron a los espíritus más sabios sobre la necesidad de eliminar las guerras del corazón de la humanidad. Tanto Albert Schweitzer, aquel médico europeo que se internó en la selva a ayudar a los leprosos del África, como a Mahatma Gandhi, con su lucha pacífica por la independencia de la India, como a Jiddu Krishnamurti, el pensador que revolucionó la manera de filosofar sobre la existencia humana, fueron ejemplos de la manera en que el ser humano puede hacer frente al dolor que provocan las guerras, que en definitiva son las consecuencias del desequilibrio interno que tienen las personas. 

 

Las actuales circunstancias de la guerra en Medio Oriente, como la guerra entre Rusia y Ucrania, reafirman ese vicio de las sociedades de enfrentarse unos a otros en el territorio de la sociedad civil, entre aquellos que detestan la guerra, que no desean cultivar el odio. 

 

Sin embargo, el mundo ha sido así desde siempre y seguramente lo seguirá siendo. No obstante, jamás hay que perder la esperanza de poder cambiar el estado de cosas y avanzar hacia una sociedad internacional donde la guerra no sea una opción.

Igualmente las sociedades también tienen sus propios problemas con individuos que no cesan en generar violencia, como aquellos que se dedican al narcotráfico. Y esta instancia puede ser también eliminada con la conjunción de fuerzas internacionales que aborden el problema seriamente. 

 

La tecnología avanza a velocidades inimaginables, pero nuestro lento transcurrir en los mismos problemas de siempre nos impide lograr objetivos en los cuales la humanidad no debería dejar de perseguir por el solo hecho de que unos pocos impongan su manera de actuar.

 

Editorial publicada en la edición papel de SÍNTESIS N˚ 1675 del 6 de marzo de 2026.

 

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