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Una afiliada de la empresa de medicina prepaga Sancor Salud atraviesa una situación desesperante mientras espera la autorización de un estudio clave para diagnosticar el origen de su enfermedad intestinal. Según su relato, lleva meses intentando conseguir la aprobación para la compra de una cápsula endoscópica, indispensable para realizar un estudio que podría confirmar un cuadro de síndrome de Crohn.
La mujer de 44 años, vecina de la ciudad de Capitán Bermúdez, licenciada en enfermería y madre de un niño de siete, decidió hacer pública su historia luego de chocar con una maraña de trabas burocráticas y falta de respuestas. “Estoy cansada. Siento que me voy a morir y nadie me escucha”, expresó con angustia en diálogo con SINTESIS.
Entre trámites, negativas y silencio institucional
El calvario comenzó en marzo, cuando su médica gastroenteróloga le indicó realizar una videocápsula endoscópica, un estudio costoso pero necesario para avanzar en el diagnóstico. “Mi doctora me dijo que me iba a costar que la autoricen, porque las obras sociales no quieren abonarla”, contó.
La afiliada envió toda la documentación requerida: estudios previos, historia clínica y presupuestos, pero recibió como respuesta que solo podían autorizar la práctica en un centro médico de Rosario, donde -según su especialista- no hay endoscopistas calificados para detectar la patología sospechada. “Mi médica me explicó que hay solo tres endoscopistas en Argentina que saben buscar el síndrome de Crohn”, explicó.
Sin embargo, cada intento por dialogar con los auditores de Sancor terminó en frustración. “No me dejan hablar con nadie. No sé quién firma las autorizaciones, no hay sello ni nombre, y no me dicen si es un médico o no”, denunció. “Yo soy afiliada, tengo derecho a saber quién evalúa mi caso”.
La mujer asegura que ni en las oficinas locales ni en la central de Sunchales le permitieron comunicarse con un auditor o supervisor médico, algo que considera un derecho básico. “Me dijeron que sólo podía hablar con las administrativas. Pero hay cosas que ellas no pueden responder: son temas técnicos, médicos”, explicó.
“Es agotador cuando estás enfermo y tenés que pelear por tus derechos”
A lo largo de los meses, su cuadro de salud se agravó. “Tengo hemorragias, cólicos muy fuertes, diarreas y una anemia que me obliga a transfusiones. Hay días que no puedo levantarme de la cama”, relató. En medio de ese deterioro físico y emocional, asegura que la indiferencia burocrática se volvió insoportable.
“Yo trabajé en salud, sé cómo funcionan las cosas. No puede ser que una persona enferma tenga que suplicar para que le aprueben un estudio”, reflexionó. Según contó, solo después de grabar una conversación en video en la sede de Capitán Bermúdez consiguió que finalmente le dieran una respuesta favorable, aunque parcial: le autorizaron el estudio “por excepción”, pero aún no le aprueban la cápsula, el elemento indispensable para realizarlo.
“Estoy esperando la cápsula. Tengo la orden y el presupuesto, pero ellos siguen dilatando. Lo único que tienen que hacer es llamar a un proveedor. No es tan difícil”, resumió.
Una historia que expone la vulnerabilidad del paciente
Cansada de esperar, presentó una denuncia ante la Superintendencia de Servicios de Salud, en busca de una respuesta oficial. Mientras tanto, su vida cotidiana sigue condicionada por la enfermedad y la falta de cobertura efectiva. “Perdí mi trabajo por lo que los ingresos de mi familia disminuyeron y tengo un hijo que me necesita. Y encima, tengo que enfrentar como un problema un estudio que debería ser un trámite sencillo”, lamentó.
El caso deja al descubierto una realidad que afecta a miles de usuarios del sistema privado de salud: cuando la burocracia se impone sobre el sentido común, los pacientes quedan atrapados en un laberinto de formularios, negativas y silencio institucional.
“Los afiliados merecemos hablar con un médico, no con una pared. No estamos pidiendo favores, estamos pagando por un servicio que debería cuidarnos, no enfermarnos más”, concluyó.
