
En un contexto económico asfixiante donde la inflación mensual erosiona de manera implacable el poder adquisitivo, la firma del reciente acuerdo salarial para los trabajadores de la Rama Acopio (CCT 574/10) encendió las alarmas y el malestar en las bases obreras. Lo que desde los despachos dirigenciales se pretende exhibir como un "logro paritario" para el período 2025/2026, analizado bajo la lupa de la realidad cotidiana, se revela como un pacto totalmente insuficiente y perjudicial para el bolsillo del trabajador.
El núcleo del acuerdo, sellado entre la Unión de Recibidores de Granos y Anexos de la República Argentina (URGARA) y las cámaras empresarias (CONINAGRO y la Federación de Acopiadores), establece un incremento del tan solo 1,5% para el mes de mayo (calculado sobre el básico de abril) y un 1,5% adicional para junio.
Frente a variaciones de precios que mes a mes licúan los salarios, indexar los sueldos con un famélico uno y medio por ciento mensual condena a los operarios, balanceros y peritos clasificadores a quedar profundamente rezagados frente al costo de la canasta básica. Aunque la letra chica menciona un compromiso de "monitorear la inflación" y reunirse en julio para cotejar el IPC del INDEC, el daño ya está hecho: durante los meses de mayor actividad, los trabajadores financian a las empresas con salarios insuficientes.
Otro de los puntos más críticos del documento es la consolidación de las sumas fijas y asignaciones bajo carácter no remunerativo. Si bien el artículo gremial destaca pomposamente que estos montos serán considerados para el cálculo del aguinaldo (SAC), las horas extras, la antigüedad y las vacaciones, esta modalidad no hace más que precarizar la estructura salarial a largo plazo.
Al no incorporarse directamente al sueldo básico de manera remunerativa, se desfinancian las obras sociales y el sistema previsional. Además, la "Suma Fija Extraordinaria" otorgada en mayo (que va desde los $60.000 hasta los $90.000 según la escala de tonelaje de las plantas) fue explícitamente pactada como un "pago único y sin impacto en el SAC, horas extras ni antigüedad". Una contradicción flagrante que demostraría cómo las patronales lograron blindar sus ganancias a costa del esfuerzo obrero en plena campaña agrícola.
Al observar las planillas anexas del acuerdo, la pérdida del poder real de compra se vuelve evidente. Para las plantas de menor envergadura (hasta 50.000 toneladas), un auxiliar percibe un básico de apenas $1.456.790, mientras que un Recibidor o Perito Clasificador alcanza los $1.976.332. En el otro extremo, en las grandes multinacionales de más de 200.000 toneladas, el básico de un perito se fija en $2.540.411. Con estos números, un incremento del 1,5% se traduce en un aumento nominal insignificante en el mostrador del supermercado.
Descontento en las bases y descuentos obligatorios
Para colmo de males, mientras los incrementos directos al bolsillo son microscópicos, el acuerdo se encarga de dejar firmemente asegurados los descuentos para la estructura sindical. Las cláusulas décima y décima primera ratifican la retención obligatoria del 1% en concepto de Aporte Solidario a la Mutual "20 de Septiembre" y otro 1% de Aporte Extraordinario Solidario sobre la remuneración integral mensual. Es decir, el trabajador ve cómo sus magros aumentos del 1,5% se esfuman inmediatamente en aportes y retenciones obligatorias.
En conclusión, la paritaria corta de la Rama Acopio para mayo y junio de 2026 deja un sabor sumamente amargo. Mientras el sector agroexportador y de acopio continúa manejando volúmenes millonarios, los trabajadores encargados de clasificar, pesar y custodiar la riqueza granaria del país deberán subsistir con aumentos de apenas el 1,5%, rezando para que la devaluación y la inflación no terminen de pulverizar lo poco que queda de sus ingresos antes de la próxima revisión.
Un pésimo acuerdo que entrega la paz social a cambio de migajas.
