
Lo que debería ser una de las arterias vitales para la economía agroexportadora del país se ha convertido en un escenario de pesadilla. El cruce de la Ruta Provincial 10 y la Ruta Nacional 11 se encuentra actualmente en un estado de abandono total, transformándose en un cuello de botella intransitable donde el peligro y el colapso logístico conviven minuto a minuto.
Las recientes precipitaciones que azotaron la región no hicieron más que agravar una situación que ya era crítica. La calzada, sometida al peso constante de miles de unidades de transporte pesado, ha cedido por completo.
En sectores clave de la intersección, los baches evolucionaron a verdaderos cráteres que obligan a los vehículos a detenerse a cero o realizar maniobras evasivas bruscas.
El asfalto parece "derretido" y desplazado por la presión de la carga, generando desniveles que destrozan trenes delanteros y cubiertas.

El colapso logístico
Con el inicio de la temporada de mayor afluencia de camiones hacia las terminales portuarias, la zona se encuentra colapsada. Las filas de vehículos de gran porte se extienden por kilómetros, generando demoras de horas para recorrer apenas unos pocos metros.
Al desolador estado del pavimento se le suma un componente humano alarmante. Ante la desesperación por el estancamiento del tránsito, muchos conductores optan por circular por las banquinas.
A pesar de ser una zona estratégica para el ingreso de divisas al país, la falta de mantenimiento es evidente. Por el momento, transitar por el cruce de la 10 y la 11 es, literalmente, una misión imposible.
