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20 de Noviembre: la batalla que reafirmó la soberanía argentina

 

El 20 de noviembre recordamos el Día de la Soberanía Nacional, una fecha que remite a la Batalla de la Vuelta de Obligado de 1845, uno de los episodios más relevantes —y simbólicos— de la historia nacional. Aunque el combate fue desfavorable en términos militares, su impacto político y diplomático terminó consolidando el principio de soberanía sobre los ríos interiores, una discusión central en el Río de la Plata del siglo XIX.

Y un hecho que aún hoy no forma parte del calendario patriótico nacional es la Batalla de Punta Quebracho (la culminación de la Vuelta de Obligado) ocurrida el 4 de junio de 1846 donde finalmente esas fuerzas extranjeras debieron rendirse ante la resistencia argentina.

Manuel Larravide, pintor uruguayo

 

La disputa que llegó desde Europa

A mediados de ese siglo, la región del Plata se convirtió en un punto de tensión para las principales potencias de la época. Gran Bretaña y Francia buscaban garantizar la libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay para poder comerciar directamente con el interior sudamericano. Esto chocaba con la postura del entonces gobernador de Buenos Aires y encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina, Juan Manuel de Rosas, quien sostenía que los ríos eran jurisdicción nacional y que cualquier ingreso debía contar con autorización argentina.

La presión internacional no era nueva, pero escaló cuando ambas potencias enviaron una flota de guerra para forzar su ingreso. La misión tenía un doble objetivo: abrir las rutas comerciales e influir en los conflictos internos que atravesaban la región.

Juan Manuel de Rosas por Cayetano Descalzi, pintor genovés

 

La defensa en Obligado

El 20 de noviembre de 1845, en un estrecho del río Paraná conocido como Vuelta de Obligado, las tropas argentinas comandadas por el general Lucio Mansilla montaron una defensa impensada para la época. Colocaron tres gruesas cadenas de costa a costa, reforzadas por barcazas y baterías. Frente a ellos, las naves anglo-francesas contaban con artillería de última tecnología y un poder de fuego muy superior.

La resistencia duró varias horas y causó daños significativos en la flota invasora. Aunque finalmente las cadenas fueron cortadas y las potencias avanzaron río arriba, la operación resultó mucho más costosa y lenta de lo esperado. Ese punto marcaría el inicio del fracaso de la expedición.

Retrato de Lucio Norberto Mansilla por Juan Felipe Goulu

 

Consecuencias políticas y diplomáticas

Pese al desenlace del combate, la campaña anglo-francesa terminó sin los resultados buscados. El comercio interior no prosperó y la resistencia local se multiplicó en distintos puntos del litoral. Para 1847 y 1848, tanto Francia como Gran Bretaña aceptaron negociar y firmaron tratados que reconocieron la soberanía argentina sobre sus ríos. Fue una victoria diplomática que cambió el equilibrio regional y fortaleció la posición del país frente a las potencias extranjeras.

Eslabones originales de las cadenas colocadas entre ambos márgenes del Río Paraná, a la altura del sitio denominado Vuelta de Obligado (hoy San Pedro, Provincia de Buenos Aires)

 

Un legado que perdura

El recuerdo de la Vuelta de Obligado trascendió las diferencias políticas del siglo XIX. Intelectuales y dirigentes de distintas corrientes, desde Sarmiento hasta José Hernández, destacaron el valor de la defensa nacional. Ya en el siglo XX, historiadores y gobiernos retomaron el episodio como ejemplo de unidad y firmeza frente a las presiones externas.

Hoy, más de 175 años después, la fecha invita a reflexionar sobre el papel de Argentina en el escenario internacional y sobre la importancia de sostener políticas que resguarden la integridad territorial y la autonomía del país. La Vuelta de Obligado sigue siendo un recordatorio de que la soberanía no es un concepto abstracto, sino una construcción histórica que exige convicción, sacrificio y decisiones estratégicas.

 

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