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    Un extraordinario hallazgo en el río Coronda devuelve a Puerto Gaboto a la historia profunda de la Tierra

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    Un extraordinario hallazgo en el río Coronda devuelve a Puerto Gaboto a la historia profunda de la Tierra


    Por Prof. Ricardo N. González
    Historiador – Centro de Estudios Históricos de Puerto Gaboto (CEH-Puerto Gaboto).

    Hay hallazgos que nos acercan al pasado histórico y otros que nos obligan a retroceder muchísimo más en el tiempo. El descubrimiento realizado recientemente en el río Coronda, frente a Puerto Gaboto, pertenece a esta segunda categoría.

    El vecino y pescador Chiky Arévalo, durante sus actividades en el río, encontró restos que, por sus características visibles, son compatibles con una mandíbula de un gran proboscídeo fósil, probablemente un mastodonte. Generosamente, hizo llegar las fotografías al Centro de Estudios Históricos de Puerto Gaboto, permitiendo así dar a conocer un nuevo testimonio de la extraordinaria riqueza paleontológica de nuestra región.

    La identificación definitiva, naturalmente, deberá ser realizada por especialistas a partir del estudio directo de la pieza, su anatomía, contexto sedimentario y, eventualmente, dataciones. Pero las imágenes permiten advertir una pieza mandibular de gran tamaño, con una dentición muy característica de los grandes herbívoros del Cuaternario.

    Y detrás de ese fósil aparece una historia fascinante.

    Un animal de varios miles de kilos habitó esta tierra

    Cuando hablamos de "mastodontes" nos referimos a grandes proboscídeos emparentados lejanamente con los elefantes actuales. En América del Sur existieron especies del género Notiomastodon, entre ellas Notiomastodon platensis, cuyos restos son conocidos en distintas regiones de Argentina y otros países sudamericanos.

    No eran pequeños animales.

    Los ejemplares de mayor tamaño podían alcanzar varios metros de altura y pesos de varias toneladas. Eran grandes herbívoros, provistos de defensas y de dientes adaptados al procesamiento de vegetales. El registro fósil argentino demuestra que estos animales formaron parte de la megafauna característica de nuestro territorio. 

    Pero lo verdaderamente sorprendente es imaginar que un animal semejante pudo desplazarse por los mismos ambientes generales que hoy reconocemos como la región del Paraná y el Coronda.

    Retrocedamos cientos de miles de años

    Para comprender este hallazgo debemos viajar mucho más allá de la historia humana.

    El Pleistoceno comenzó hace aproximadamente 2,6 millones de años y terminó hace unos 11.700 años. Fue una época marcada por grandes oscilaciones climáticas, con sucesivos períodos glaciales e interglaciales.

    Durante las fases frías, las condiciones ambientales de buena parte de Sudamérica eran diferentes de las actuales. En amplias zonas predominaban ambientes abiertos, con pastizales y vegetación adaptada a condiciones más frías y secas. Los estudios sobre la fauna pleistocena del centro y norte argentino muestran precisamente la existencia de comunidades animales muy diferentes de las actuales. 

    La región que hoy conocemos como Puerto Gaboto, la desembocadura del Carcarañá y el sistema Coronda-Paraná no tenía entonces el paisaje que vemos actualmente.

    El río, las lagunas, los bañados y las extensas superficies de vegetación constituían un ambiente capaz de sostener enormes concentraciones de herbívoros.

    Allí podían encontrarse mastodontes, grandes perezosos terrestres, gliptodontes, toxodontes, caballos americanos, camélidos y otros grandes mamíferos, junto con numerosos animales de menor tamaño.

    Era un verdadero mundo de gigantes.

    El paisaje del Coronda hace miles de años

    Resulta difícil imaginarlo desde el presente.

    Hoy pensamos al Coronda como un río de islas, barrancas, bañados y vegetación ribereña. Pero durante el Pleistoceno tardío los ciclos climáticos modificaban profundamente los ambientes.

    La evidencia paleontológica de Santa Fe permite reconocer faunas asociadas a condiciones ambientales diferentes de las actuales, incluyendo períodos de clima más frío y seco. En sectores de la provincia se han identificado numerosos representantes de la megafauna pleistocena.

    En ese escenario, los grandes herbívoros podían desplazarse por extensas áreas abiertas en búsqueda de alimento y agua.

    Y los cursos fluviales eran fundamentales.

    El sistema de ríos y humedales podía ofrecer agua, vegetación y corredores naturales de desplazamiento para las grandes manadas.

    Por eso un hallazgo en el río Coronda no constituye un hecho aislado o extraño. Los propios procesos de erosión de los cursos de agua pueden remover sedimentos antiguos y dejar expuestos restos fósiles que permanecieron enterrados durante miles o cientos de miles de años. El Gobierno de Santa Fe ha señalado precisamente este mecanismo en otros hallazgos de mastodontes realizados recientemente en la provincia. 

    ¿Cuándo desaparecieron los mastodontes?

    Aquí comienza otra de las grandes preguntas de la paleontología.

    Los mastodontes sudamericanos sobrevivieron hasta tiempos muy recientes desde la perspectiva geológica. Notiomastodon platensis posee un registro que llega desde el Pleistoceno temprano hasta el Pleistoceno final y el Holoceno temprano, cuando desapareció. 

    Es decir: nuestros antepasados humanos pudieron haber contemplado estos enormes animales.

    La desaparición de la megafauna sudamericana no tiene una explicación única aceptada por todos los investigadores.

    Durante mucho tiempo se enfrentaron dos grandes explicaciones: el cambio climático y la acción humana.
    Actualmente, numerosos estudios plantean una explicación más compleja.

    El cambio climático

    Al finalizar la última glaciación se produjeron importantes transformaciones ambientales.

    Cambió la temperatura, la disponibilidad de agua, la distribución de las plantas y, con ello, los ambientes adecuados para muchas especies.

    Modelos ecológicos realizados para los proboscídeos sudamericanos indican que sus áreas de distribución se fueron reduciendo durante las transformaciones climáticas del Cuaternario tardío.

    Para animales que necesitaban enormes cantidades de alimento y grandes territorios, una reducción de los ambientes apropiados podía tener consecuencias importantes sobre sus poblaciones.

    La llegada de los seres humanos

    Pero hay otro elemento fundamental.

    Los primeros grupos humanos ya se encontraban en Sudamérica durante el tramo final del Pleistoceno y convivieron con buena parte de esta megafauna.

    Existen sitios arqueológicos donde se ha documentado la asociación entre seres humanos y grandes mamíferos, incluyendo proboscídeos. Investigaciones recientes sostienen que la presión humana pudo haber contribuido a la disminución de algunas poblaciones. 

    Esto no significa que los seres humanos hayan sido necesariamente la única causa.

    Una de las hipótesis actualmente consideradas es precisamente la combinación de factores: cambios climáticos y ambientales que redujeron o fragmentaron los hábitats, sumados a la presión de las poblaciones humanas sobre animales de reproducción relativamente lenta.

    Un estudio de referencia sobre los proboscídeos sudamericanos concluye que los efectos climáticos y humanos pudieron actuar conjuntamente, variando su importancia según las regiones y los momentos. 

    La desaparición de los mastodontes, por lo tanto, no debe pensarse como un acontecimiento instantáneo sino como el resultado de profundas transformaciones ambientales y ecológicas.

    ¿Qué nos dice este hallazgo sobre Puerto Gaboto?

    Mucho.

    Puerto Gaboto suele ser reconocido fundamentalmente por su extraordinaria historia humana: los pueblos originarios, la llegada de Sebastián Gaboto, el fuerte Sancti Spiritus, los primeros contactos entre europeos e indígenas y el nacimiento de una nueva etapa histórica para la región.

    Pero antes de todo eso existió otra historia, muchísimo más antigua.

    Una historia que comenzó millones de años antes de que existiera cualquier asentamiento humano.
    El hallazgo de Chiky Arévalo nos recuerda que el territorio de Puerto Gaboto tiene una profundidad temporal extraordinaria.

    Y no es el primer indicio.

    En 2020, también a partir del aviso de un vecino, se realizó en Puerto Gaboto un rescate de restos de megafauna en las barrancas del río Coronda. En aquella oportunidad intervinieron especialistas del Ministerio de Cultura de Santa Fe y Parques Nacionales, recuperándose restos que inicialmente fueron atribuidos a un gran perezoso, además de un diente de gliptodonte

    Aquellos hallazgos y el actual permiten comenzar a pensar a Puerto Gaboto no solamente como un sitio de enorme importancia histórica y arqueológica, sino también como un territorio de interés paleontológico.

    Una mandíbula que atravesó el tiempo

    Hay algo particularmente conmovedor en esta pieza.

    Un pescador la recupera del río en el siglo XXI.

    Pero esa mandíbula perteneció, posiblemente, a un animal que vivió miles de años antes de que existieran las primeras aldeas, antes de la agricultura, antes de las ciudades y muchísimo antes de que alguien pudiera imaginar que algún día existiría Puerto Gaboto.

    Durante miles de años permaneció sepultada entre sedimentos.

    Pasaron los grandes cambios climáticos.

    Desaparecieron los mastodontes.

    Llegaron nuevos animales.

    Llegaron los primeros habitantes humanos.

    Pasaron generaciones y generaciones.

    Nació la historia que conocemos.

    Y finalmente, el río volvió a descubrir aquello que había ocultado durante milenios.

    Un hallazgo que merece ser estudiado

    Desde el Centro de Estudios Históricos Puerto Gaboto consideramos que este hallazgo debe ser tomado con la seriedad científica que merece.

    Las fotografías son un primer registro, pero es necesario avanzar hacia la identificación taxonómica de la pieza, su documentación, localización precisa del hallazgo, análisis del sedimento asociado y, si las condiciones lo permiten, estudios cronológicos.

    Además, resulta fundamental evitar la manipulación, limpieza agresiva o traslado informal de este tipo de materiales.

    La legislación argentina considera los restos paleontológicos parte del patrimonio cultural y establece obligaciones de denuncia y conservación ante hallazgos casuales. En Santa Fe, el Ministerio de Cultura es la autoridad de aplicación de la Ley Nacional 25.743 y dispone mecanismos específicos para comunicar estos descubrimientos. 

    Por eso, el gesto de Chiky Arévalo, al comunicar el hallazgo y compartir las imágenes con el Centro de Estudios Históricos, adquiere un valor especial: permite que una pieza que pertenece a la historia natural de nuestro territorio pueda ser conocida y, sobre todo, estudiada.

    Puerto Gaboto: cinco siglos de historia y millones de años de memoria

    Mientras nos preparamos para conmemorar el V Centenario de Puerto Gaboto y de Sancti Spiritus, este hallazgo nos invita a ampliar todavía más nuestra mirada.

    La historia de Gaboto no comenzó en 1527.

    Tampoco comenzó con las primeras comunidades humanas que habitaron esta región.

    La historia profunda de este territorio se pierde en un tiempo de millones de años, cuando por estas tierras caminaban animales que hoy solamente podemos conocer a través de sus restos fósiles.

    Quizás aquella mandíbula sea solamente una pieza más del enorme rompecabezas paleontológico santafesino.

    Pero también puede convertirse en una nueva puerta de entrada para investigar cómo era el territorio del actual Puerto Gaboto durante el Pleistoceno, qué animales lo habitaban, qué relación tenían con los grandes sistemas fluviales y cuándo desaparecieron de esta región.

    El río Coronda acaba de devolvernos una pequeña parte de esa historia.

    Una mandíbula de mastodonte no es solamente un fósil.

    Es un mensaje de un mundo desaparecido.

    Un mundo en el que, mucho antes de que existiera Puerto Gaboto, los gigantes también caminaban por estas tierras.

    Fuentes y referencias principales

    Mothé, D. et al. Estudios sobre los proboscídeos sudamericanos y la extinción de Notiomastodon. 

    Facultad de Ciencias Naturales y Museo – Universidad Nacional de La Plata. Información sobre la megafauna pampeana del Pleistoceno.

    CONICET. Materiales de divulgación científica sobre megafauna y ambientes pleistocenos. 

    Nature Communications. Estudios sobre extinciones de la megafauna sudamericana y presencia humana. 

    Gobierno de Santa Fe. Información sobre hallazgos de mastodontes y paleontología provincial

    Argentina.gob.ar. Ley Nacional 25.743 de Protección del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico.

    Santa Fe Cultura. Procedimiento para comunicar hallazgos arqueológicos y paleontológicos.

    More about: historia, hallazgo, río Coronda, Puerto Gaborto, arqueológico, mandíbula, mastodonte
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