Santiago García

Seamos libres… que lo demás no importa nada

El combate se convirtió rápidamente en una escaramuza… no hubo resistencia… apenas un esbozo del Leo, como reza el manual básico de la política, primero agradeciendo el compromiso del gobernador para comenzar las obras de reconstrucción de la barranca y luego eligiendo el momento ante el disminuido ejército-público diezmado por la pandemia para reclamar por la inseguridad. Fin del combate.

Omar, cubriéndose de gloria, en el mismísimo campo, se inclinó por recalcar la seguridad naciente de medio continente “no olvidéis de dónde venimos” expresó y a la voz del gran jefe a la carga ordenó. Esto no comenzó ahora y se adentró en la historia…

Don José los mira desde la espadaña… improvisado mirador, como expresara el locutor del simplificado acto. Se rasca la cabeza. Ensilla un mate cimarrón… la suerte está echada.

Los realistas estuvieron ausentes… para qué nombrarlos si eligieron no estar… o no fueron invitados… tal vez por eso el nutrido grupo de alférez para que se noten más la ausencias del “enemigo”. También en estas antipresencias hubo gestos… sólo para quienes están acostumbrados a descifrar códices… sólo quienes trabajan con extrañas escrituras pueden ponderar equilibradamente.

Agustín, cual fraile franciscano… la viene luchando desde lejos, construye armas con lo que puede, con lo que le dejan… como buen estratega, resaltó las virtudes de su ejército… ponderó las cualidades ante las vicisitudes del imponderable, artero, sagaz, traicionero  2020… con una caricia a su sotana y una oración al porvenir saludó a los presentes.

Quedan varios combates pendientes de esta gran batalla… ojalá la geografía y el destino nos den una mano como aquel febrero del año 13… paradójicamente el año de la asamblea… ¿será este 21 el año de la Asamblea?

Erika, la elegida, vocera del escuadrón, al sonar del clarín desenfundó su improvisada verba… estaba un poco confundida sin poder distinguir entre batalla y combate con una cortina de humo de fondo en las islas de nuestro Paraná no se toca…. otras voces se alzaron al unísono reclamando por ley de humedales… a garganta pelada disimuló la batiente retirada.

Cabral, soldado heroico, entregó su vida… otrora Patria o muerte… hoy las huestes que prepara para luchar en San Lorenzo… el corcel indomable de la realidad nos devuelve una caricatura efímera de lo que fue… el grito de volveremos recorre atrapado los pasillos del convento.

El Obispo, cual delgado federal rezó… una oración trajo la presencia de un dios predicado otrora por franciscanos humildes al servicio de la corona, hoy ahuyentados por los nuevos pactos con los impíos dioses del mercado… amén.

Lo mejor, como siempre, al compás del tamboril los acordes de la invencible banda municipal… sin música no hay combate.

Febo asoma, trepando por los tapiales de la democracia ¿echando luz? arañando ya sus rayos ¿iluminan?… tras los muros… un día después sólo nos quedan aquellas voces... un vago recuerdo… sordos ruidos balbuceados en plan de salvarnos…

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