El arte del té

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Saborear una taza de té se convierte en un auténtico viaje sensorial repleto de matices en una cultura como la japonesa. La preparación de esta tradicional bebida ha ido pasando de generación en generación ganando en delicadeza, popularidad y reconocimiento por parte de aquellos que se deciden a conocer un poquito más a fondo la sofisticada esencia del país nipón y su exquisita ceremonia del té.

¿Sabías que los samuráis fueron los primeros impulsores de la ceremonia del té japonés? Con el paso de los años, este momento compartido de disfrute y relajación construido en torno a la degustación del té fue dulcificándose y adquiriendo un sentido mucho más espiritual, cercano a la filosofía zen que se deja ver hoy en día en cada uno de los movimientos que conforman esta ancestral ceremonia. 

Vale recordar que el té llegó a Japón procedente de China en el siglo VIII y lo hizo de la mano de los monjes budistas. Poco a poco, el té consiguió ir conquistando los paladares de una población aficionada a cuidar los detalles y dispuesta a construir en torno a esta bebida, toda una filosofía de vida en la cual la sencillez, la serenidad y la belleza tienen un espacio más que destacado.

Los Maestros del Té afirmaban que el verdadero sentido del arte sólo es posible a quienes sienten del arte su influencia viviente. En cualquier ocasión trataban de conservar su serenidad de espíritu y de conducir la conversación de manera que no se rompiese jamás la armonía circundante.

Los Maestros del Té, trataban de ser algo más que artistas, trataban de ser el arte mismo, el Zen de la estética. Afirmaban que “el que no ha alcanzado la belleza no tiene derecho a acercarse a la belleza. La perfección está en todo si nos preocupamos de reconocerla”. Han aportado muchísimo al arte, han revolucionado enteramente la arquitectura clásica, y la decoración interior,  han creado un nuevo estilo, cuya influencia se encuentra en los palacios y en los monasterios construidos desde el siglo sexto en Japón.

Es absolutamente imposible, en verdad, encontrar ninguna rama del arte, donde los Maestros del Té no hayan dejado la huella de su genio. Y sería inútil señalar los inmensos servicios prestados al arte de la laca y de la pintura.

Pero por grande que haya sido la influencia de los Maestros del Té en el dominio del arte, no es nada comparada con la que han ejercido en el camino de la vida. No solamente se nota su influencia en los usos y costumbres del gran mundo, sino en los más simples detalles de la vida doméstica. Han hecho más enérgico el amor natural de la simplicidad; han mostrado la belleza de la humanidad. En una palabra, por sus lecciones, el té ha entrado en la vida del pueblo. Sólo quien ha vivido en la belleza morirá en la belleza. Buena salud con té!

 

Ing. Maricel  Pedrozo

M.P. 82-2-1504

 

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