La Primavera mágica de Japón

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El árbol de cerezo, conocido también como Sakura, es uno de los árboles característicos de Japón, plantado comúnmente como decorativo, sin frutos. Es considerado un emblema nacional y es parte del patrimonio histórico del país.

Una de sus principales características es que permanece únicamente forrado de hojas verdes durante gran parte del año y desnudo durante el invierno, pero en el inicio de la primavera florece y sólo por dos semanas mantiene una hermosa floración que va del blanco al rosa pálido. 

Varios poemas y manifestaciones artísticas fueron dedicadas a estas delicadas flores, que metafóricamente simbolizan la vida, luminosa y hermosa, pero efímera. Esta visión de la vida como algo temporario es muy popular en la cultura japonesa y es considerada como una forma admirable de existencia. Un ejemplo,  el principio de los samurai de “terminar con su vida cuando aún es hermosa y fuerte sin llegar a la vejez”. 

Las flores de cerezo representan el ideal de una vida simple y pura, son símbolo del paso del tiempo y su floración es considerada un instante feliz dentro de su corta vida y representa el renacer de la vida y la primavera.

Hasta el día de hoy, en Japón se mantiene la tradición de celebrar el Hanami en el cual se realizan picnics en parques para admirar la belleza de las flores. Los árboles van floreciendo de sur a norte, y las familias están pendientes de los pronósticos meteorológicos para concertar el día del festejo, donde beben té,  sake y comen alimentos tradicionales de su cultura. El Hanami suele continuar por la noche, conocido como Yozakura, y los parques son adornados con linternas de papel ambientando los lugares públicos.

Según la tradición, si un pétalo de Sakura desde el árbol, cae en la mano por casualidad, es augurio de buena suerte en el amor. También las parejas aprovechan este período de florecimiento para prometerse amor mutuo. Asimismo, en las bodas japonesas los novios beben una infusión de flores de cerezo para que les de buena suerte en el futuro junto con su amada.

Evidentemente, la admiración y curiosidad acerca de la magia que encierran estas flores trascienden el tiempo y las culturas. Recibir esta lección de la naturaleza, que nos enseña a respetar los ciclos de la vida con paciencia y valorar esos instantes mágicos llenos de felicidad, es algo que aún nos asombra y sigue deslumbrando.  ¡Hasta la próxima!

 

 

Ing. Maricel de Pedrozo

M.P. 82-2-1504

 

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