San Martín

Día 10 de septiembre

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1816. El famoso guerrillero chileno Manuel Rodríguez lanza a sus compatriotas la siguiente proclama: “¡Chilenos! Vosotros que palpásteis la necesidad de asegurarnos por tierra y mar antes de repartirnos en empresas cuyo mal resultado desanimaba vuestro remedio, envolviéndonos en nuestras ruinas, veréis las huestes de la libertad sobre los Andes, luego que descubran camino esos cerros de nieve. El coronel mayor San Martín, general nombrado, tiene fuerza para imponer a los tiranos. El entusiasmo general y la disciplina del soldado justifican una felicidad suprema. Las Provincias Unidas, victoriosas en toda la redondez de su territorio y señoras del mar del Sur, no descubren otra atención que las desgracias de sus vecinos y de sus hermanos. Los esclavos de Abascal resentirán sobre sus cabezas las laureadas escenas que los aterran en el Perú y nos reponen en su dominación”. 

 

1816. San Martín comunica al Supremo Gobierno que deja provisoriamente el mando del ejército al brigadier O'Higgins, por tener el mayor interés en tener un parlamento general con los indios Pehuenches, con el fin de obtener de ellos permiso para pasar a Chile por sus tierras, cuando se produjese la invasión. Este fue un hábil ardid de San Martín para hacer creer a los realistas de Chile que pensaba invadir por el Sur. 

 

1817. Al anochecer el día 9, el coronel Ramón Freire partió del campamento patriota con el escuadrón de Granaderos mandado por Manuel Escalada, con el que se situó en los médanos de San Vicente, aprovechando la oscuridad: poco después salía de la plaza una patrulla de 25 jinetes, marchando detrás de ella el alférez Bogado con 20 Granaderos, sigilosamente, mientras Freire se situaba detrás de las casas del Manzano con el resto del Escuadrón, sin que los enemigos se apercibieran de estos movimientos a causa de la espesa niebla que flotaba sobre la zona pantanosa allí existente. Una hora más tarde salió de Talcahuano otra partida de 30 jinetes, la que después de bordear el cerro Manzano, tomó el camino de La Loma: en este mismo instante se produjeron simultáneamente dos acciones: mientras Escalada, con la mitad del escuadrón escaló el cerro y atacó de frente a la última partida enemiga, Freire se desplazó con el resto por el camino de la falda para doblar por el extremo del cerro y cargó al enemigo por retaguardia; siendo aniquilada la patrulla realista, salvándose un solo hombre, que huyó a las fortificaciones. Por su parte, el alférez Bogado cargó sobre la primera partida realista, dándole muerte a 4 hombres y capturando 3 prisioneros. En el momento en que se producían las dos acciones, la artillería de la plaza rompió el fuego para proteger sus patrullas, pero los Granaderos a Caballo prosiguieron su tarea sin inmutarse por el fuego de cañón contra ellos dirigido. 

 

1821. En la mañana de este día, San Martín realiza una nueva maniobra, y adelantando el ala derecha de su dispositivo, franqueaba el camino de Lima al Callao. Este movimiento alarmó a Canterac, que comprendió que le cerraba los caminos de su retaguardia, y tomó la resolución de marchar hacia la costa para colocarse bajo la protección de los cañones de los Castillos del Callao. El general Las Heras y el coronel Pedro José Díaz - testigos presenciales - recordaban que San Martín al ver que su adversario realizaba el movimiento que él había previsto en su plan defensivo - ofensivo, se restregó las manos, como lo hacia siempre que denotaba satisfacción, y dirigiéndose a Las Heras, que estaba a su lado, exclamó: “Están perdidos. El Callao es nuestro. No tienen víveres para quince días. Los auxiliares de la Sierra los van a comer. Dentro de ocho días tendrán que rendirse o ensartarse en nuestras bayonetas”.

 

 1821. En la mañana de ese día recibe Cochrane a bordo del O'HIGGINS una comunicación oficial y participándole que el enemigo se iba acercando a los muros de Lima, y rogando al Almirante enviase al Ejército todas las armas portátiles que hubiese a bordo de la escuadra, así como también todos los marineros y todos los voluntarios, porque el Protector se hallaba dispuesto a inducir al enemigo a batirse y a vencer o a quedar sepultado bajo las ruinas de lo que había sido Lima. Cochrane desembarcó inmediatamente para encontrarse con San Martín, a quien instó para que obligara al enemigo a batirse: contestando el Generalísimo a las varias insinuaciones del Almirante de que sus medidas estaban tomadas; y cuando la insistencia del último fue formulada en una audiencia privada que le otorgó San Martín, éste le contestó categóricamente: “YO SOLO, SOY RESPONSABLE DE LA LIBERTAD DEL PERÚ”. 

 

1822. San Martín contesta a La Serna su nota del 8 del mes anterior, recalcándole que su situación es ventajosa con respecto al ejército real, “como débil la de V. E. Sobre un número mayor de tropa perfectamente disciplinada y entusiasmada por su libertad, -le dice- yo cuento con todos los habitantes libres del Perú, con el torrente incontenible de las fuerzas de los Estados de América, con todos los hijos del país empleados contra su voluntad en el servicio de la España, y con algunos españoles liberales, amantes de la justicia y de los derechos de los pueblos. A V. E. no le es dable contrarrestar con un puñado de hombres adscriptos a ideas singulares el poder inmenso que le amenaza; y cualquiera pequeña ventaja a que aspire V. E. ni puede obtenerla en el día, ni ser de modo alguno durable. EI deseo de conservar su independencia crece en los peruanos cuanto ven más de cerca a sus enemigos y una constante experiencia habrá convencido a V. E. que no hay pueblo alguno en la América que no deteste la dominación española, y quiera disfrutar de los derechos de la naturaleza, y que para conservar sometida cualquiera provincia a la causa peninsular, es preciso sujetarla con la fuerza, privándola de los medios de defensa y empleando en ella considerables guarniciones”.

“Por último, señor General: -dice- cuando para dar un carácter de la mayor respetabilidad y duración a las proposiciones que hice a V. E. las sujeté a la ratificación del Congreso, yo conté con dirigirme a un jefe ilustrado que, nutrido en las máximas liberales que han rejido a la España para su bien particular, respetaría como yo profundamente a un cuerpo representativo de la voluntad generaI y digno de la mayor veneración y deferencia. Mi autoridad, que es la única que me dice V. E. reconoce para tratar, es ninguna si no está apoyada en el voto de los pueblos, a cuya voluntad circunscribiré absolutamente todas mis operaciones públicas, gloriándome de cumplir sus órdenes. Este es el término de mis aspiraciones, y el ultimo extremo de mi ambición; para lograrlo, pondré muy pronto en manos del Congreso el gobierno, que el imperio de las circunstancias me hizo aceptar, por creerlo conveniente”. 

 

1822. La “División Pacificadora” al mando del teniente coronel Arriola encuentra a los rebeldes de la provincia de Maynas en el punto denominado “Cerro de la Ventana”, situado como a 8 leguas antes de Chachapoyas, los que después de presentar alguna resistencia, abandonaron el puesto y se situaron en el tambo del visitador, al otro lado del Río Negro, fortificándose con algunas trincheras y destrozando el pequeño fuerte: los patriotas mandados por Arriola también forzaron ese punto; pero si les faltaba a los Moyobambinos unidad en sus operaciones, les sobraba valor; se retiraron al pueblo de Rioja, tres millas antes de Mayobamba. 

 

 

Del libro Efemérides Sanmartinianas de Jacinto R. Yaben, Instituto Nacional Sanmartiniano, tercera edición, 1978

 

Asociación Cultural Sanmartiniana de San Lorenzo

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