César Ríos

Los cambios que se esperan

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Más allá de la utilidad o inutilidad de un paro general, lo cierto es que la situación económica es desesperante. Por dos motivos, uno por la evidencia de la realidad, el dinero no alcanza para cubrir muchas necesidades básicas y tampoco para darse gustos, en un sistema económico y social donde consumir y gozar de las bondades de la modernidad es casi el objetivo de muchos. Y el otro motivo, por asistir a la inacción de un gobierno que prometió todo y no hizo casi nada (amén de las teatralizaciones sobre las acusaciones de corrupción, que solo sirven para el ciudadano mediatizado que busca satisfacer broncas que tal vez ni siquiera sepa de dónde le vienen). Es decir, un gobierno que adquirió una fenomenal deuda externa sin siquiera tener un programa económico claro, sino tan solo el ejercicio de un optimismo primitivo más parecido a la actitud de un líder de grupo de ventas que de un jefe de Estado. Y ahora con medidas básicas que le permitan llegar a las elecciones sin sobresaltos, pero dejando para más adelante un panorama de mayor incertidumbre. 

Y en el medio de esta tormenta comienzan a desarrollarse las elecciones nacionales, entonces las preocupaciones de los dirigentes se orientan hacia este punto, generando una paradoja difícil de sobrellevar para aquellos que sufren día a día los avatares de la situación económica. Es decir, las soluciones parecen ser electorales y no de la realidad adversa para los ciudadanos. Se tejen alianzas, se esperan definiciones, caminan de un lado a otro, realizan convenciones donde se enojan pero siguen por el mismo camino, se cierran puertas y se abren otras, como si se tratara de un juego de laberintos, se presentan libros, se anuncian obras, se denuncia y se grita, se opera permanentemente sobre la mente de los que observan desde el llano.

Y los que están en el llano tampoco son ajenos a todo lo que pasa, pues como aquél público del circo romano, aplauden e insultan con una intensidad que termina moldeando la emoción de los actores en escena. Porque en definitiva, los protagonistas surgen de la misma sociedad a la que representan.

Seguramente la posibilidad de cambiar está en las elecciones, pero, ¿si los dirigentes y los ciudadanos son los mismos de siempre, y ninguno piensa cambiar su postura, cuál es el cambio que se espera?

 

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