César Ríos

¿Dónde está Paula?

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Años, meses, semanas, días, minutos… para la espera de una sentencia que otorgara justicia a la familia de Paula Perassi. Finalmente la sentencia se dictó y se absolvieron a todos los acusados. Muchas veces se ha dicho que es preferible un culpable suelto que un inocente encarcelado. Sin embargo, la sensación de angustia que generó esta sentencia en muchos ciudadanos no se ha experimentado nunca en nuestra región. Seguramente es por ser este caso muy especial, porque estamos frente a la desaparición de una mujer embarazada en un contexto claramente conflictivo y por haber sido todos testigos de la lucha de una familia, visibilizada por la fuerza del padre de Paula, Alberto, quien ha recorrido tanto camino escabroso y enfrentado a oscuras patrañas, en un extraño laberinto, para llegar a esta etapa en donde lo lleva al comienzo de la triste historia: ¿dónde está Paula?.

Y muchas preguntas más, típica marca trágica de los desaparecidos, que como en una tragedia griega se despliegan las más dolorosas y arquetípicas situaciones, que terminan dejando un sabor amargo cuando la injusticia se hace patente frente a todo el auditorio.

Y no se trata de decir que deberían haber sido condenados los acusados, sino tan solo ver que la injusticia ha recorrido toda esta historia. Y que si se llega a esta injusticia es porque en ese recorrido la injusticia ha sido el factor común y el incentivo para que Alberto Perassi peleara cada vez con más fuerza. En esa injusticia primigenia se gestó la impunidad y el desasosiego fue permanente. Los que deberían haber investigado como corresponde y a tiempo, los que deberían haber provisto de Justicia fueron los más injustos. Esa infame y pusilánime actitud de un sistema judicial que llega a límites perversos no es justicia.

Pero así es nuestra región, nuestro cordón industrial y sus gentes y dirigentes, inmersos en la riqueza que proveen los oscuros negocios de los puertos, sordos de las lamentaciones de injusticias y ciegos de una realidad que muestra las hilachas cuando casos como el de Paula Perassi brotan de la podredumbre de la hipocresía. 

No sé si algunos de los que quedaron libres son los culpables, pero sí sé que los culpables están libres. Y que Paula Perassi permanece en ese tétrico limbo donde los desaparecidos aún esperan la justicia de los hombres.

 

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