César Ríos

Malvinas: Por siempre hombres

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Generalmente se tiende a recordar los acontecimientos en un solo día, el nacimiento o fallecimiento de alguien, tal fecha de un evento histórico, a veces muy pocos días como carnaval o jueves y viernes Santo. En el caso de Malvinas es el 2 de abril cuando se concentra la mayor cantidad de celebraciones oficiales y recuerdos con entrevistas e informes en los medios de comunicación. 

Sin embargo, la gesta de Malvinas es motivo para tener presente durante todo el año, porque ha sido una bisagra en la historia contemporánea de Argentina, que al día de hoy no tiene la atención plena de la sociedad. Allá a lo lejos, en el espacio y en el tiempo, cuando se desarrollaban los acontecimientos de la guerra en las islas, en el resto del país a excepción del las regiones del sur, se vivía otra realidad, que no estaba alterada por esa guerra que parecía ajena. Solo existía como un partido de fútbol o como razón para asistir a la Plaza de Mayo a vivar por un triunfo que no había llegado y que finalmente nunca llegó. 

Luego, cuando los soldados regresaron al continente, esa sociedad “triunfalista y de causas domingueras” les dio la espalda y de un día para el otro pasó a otro tema. En la oscuridad, los soldados lidiaban ahora con otra lucha, la de los fantasmas de la guerra, aquellos generados por el trauma de una situación límite y por el silencio sepulcral de la mayoría de la sociedad, que había visto el fin de la guerra como si hubiésemos perdido la final en un partido de fútbol.

Pasaron los años y la lucha por surgir de entre las cenizas fue de los propios veteranos de guerra que, hermanados, comenzaron a ayudarse entre ellos, consiguiendo beneficios y tratando de sobrevivir a la vida, aunque parezca una paradoja: en medio de la muerte la solidaridad estaba en su esplendor, en medio de la paz el egoísmo los atacaba de tal manera que ese hermanamiento se fue solidificando aún más. Y en esa pelea, quizás más titánica que en las islas, infinitamente más silenciosa, muchos perdieron la vida, en número mayor que en la guerra, suicidados en una u otra forma, falleciendo de esas enfermedades gestadas en el dolor de la indiferencia. 

Siempre fueron hombres, los chicos de la guerra fue un insulto de una sociedad que temía enfrentarse a sus propias responsabilidades. Por eso, Malvinas es un tema que debería ser de todos los días, porque hace al ser nacional, porque hace a la memoria, porque hace, en definitiva, que tengamos un lugar y una razón para mantener una dignidad que cada día estamos perdiendo por nuestros estúpidos y pequeños egoísmos.

 

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