César Ríos

Feminismos

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La ola feminista que se ha desatado en los últimos tiempos ha logrado conmover a la sociedad, no solo por las opiniones cruzadas de los ciudadanos, que se expresan en las redes sociales, sino porque este movimiento ha logrado exponer los grados de injusticias y de desprecio hacia las mujeres. Lo que antes parecía “normal”, ya sea por la educación que recibieron los hombres o por la ausencia de leyes cuando de acoso y agresiones a las mujeres se trataba, hoy se presenta aberrante y digno de justicia. Y aún así todavía siguen ocurriendo abusos y violaciones, en muchos casos como en los últimos días, de varios varones mayores en contra de menores de edad, como los sufridos por una joven en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a la que encima sus agresores libres amenazan; en Miramar con los cinco marplatenses a una adolescente de 14 años; en Salta y en Villa Elisa en Buenos Aires, por nombrar solo algunos casos recientes. 

Paralelamente a los reclamos de estos movimientos hacia la sociedad, en las mismas redes sociales se llevan a cabo “escraches” a personas acusadas de abusos, pero desconociéndose si son acompañadas de denuncias en la Justicia, por lo que estaríamos frente a acusaciones de las cuales no se pueden corroborar. 

Más allá de que la Justicia esté atravesando por una mala imagen por todo aquello que de injusto comete, es necesario realizar las denuncias pertinentes, porque es la manera que hemos elegido para poder convivir en paz.

Ocurre lo mismo con delitos como los robos, los cuales mucha gente no denuncia por lo engorroso que significa hacerlo, ya que el denunciante pierde tiempo y sufre inconvenientes, para que en la mayoría de los casos todo termine en nada o con un delincuente que consigue fácilmente la libertad.

En los delitos de abusos contra las mujeres esto ha sido más visible, porque las estructuras de la sociedad han estado más al servicio de hombre que de la mujer, en estos casos específicos.

La historia también ha señalado que muchas mujeres estuvieron al frente de sociedad poderosas, en los viejos imperios, y que hoy en día han alcanzado altos cargos de liderazgo. Muchas han estado y están al frente de Estados fuertes como Gran Bretaña o Alemania, pero en los últimos tiempos esa tendencia fue en retroceso. Latinoamérica es un ejemplo con los casos de Argentina, Brasil y Chile cuyas mujeres que estaban al frente de los gobiernos fueron reemplazados por hombres. Y que esos reemplazos han estado acompañados por un tratamiento singular (más allá de los casos de corrupción), en el que la mujer ha sido objeto de un destrato que a veces los hombres de su misma condición no reciben.

No siempre se mide con la misma vara a las mujeres que a los hombres cuando actúan en política o en puestos de poder. Por eso es importante que esta “revolución de las mujeres” no se agote en slogans, lenguajes inclusivos o repudios contra el machismo, sino que se profundice desde un pensamiento capaz de dar luz y entendimiento para lograr el equilibrio deseado.

 

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