César Ríos

El gato y el ratón

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Siempre se ha concebido la idea de los policías y los ladrones como el juego del gato y del ratón. Tal vez es una comparación bastante acertada de lo que ocurre en nuestro país. Siempre haciendo referencia al “juego”, que nos recuerda risueñamente a Tom y Jerry, esa eterna lucha de la cual nunca acaba y que al final, en muchas ocasiones, ambos terminan siendo amigos.

No es la intención generalizar, hay policías buenos y malos, pero muchos policías santafesinos han tenido en los últimos tiempos una relación muy estrecha con la delincuencia, a tal punto que las causas de narcotráfico han sido una muestra de esa situación. Basta con observar la manera impúdica en que móviles policiales merodean en actitud de vigilancia la zona de la Ruta 11 en Puerto Gral. San Martín, donde innumerables chicas recorren la ruta en situación de prostitución. Ni hablar de los garitos de juegos clandestinos y los puertos secos, verdaderos símbolos de la opulencia sojera-portuaria que derrama delitos por doquier.

Esta semana ocurrió un hecho inédito cuando se produjo un allanamiento en barrio 3 de Febrero de San Lorenzo y ante la mirada de todos, incluso de policías, en una casa ya conocida se vendía drogas sin tapujos. El conocido titular de  defensa del consumidor, Marcelo Remondino, al ver lo que ocurría denunció el hecho ante agentes de policía, que le dijeron que no podían hacer nada. Una falacia, porque ante un delito in fraganti deben actuar, después verán si ese caso pertenece a la justicia provincial o federal.

Pero lo que surge en estas conductas es que ese “no poder actuar” tienen implicancias que seguramente van más allá de a quién pertenece el caso judicialmente. El no poder actuar es no tener órdenes de los superiores. El no poder actuar es saber que se está “tocando” el negocio de alguien. El no poder actuar es la impunidad que se ha generado con tantas idas y venidas con los delincuentes, que entran y salen, que roban y matan, porque la política y la justicia también están alcanzados por la desidia, la corrupción o el desinterés de inquirir hasta el fondo de todo este asunto: del crecimiento del narcotráfico y el lavado de dinero que corroe la moral y termina atentando contra el sistema democrático.

Luego de las denuncias realizadas, Remondino sufrió un atentado a una de las puertas de su propiedad. Típica acción delictiva, que señala un sentimiento de impunidad muy fuerte y arraigado. Un juego del gato y el ratón que ya no es hilarante, sino sumamente peligroso porque ocurre en la realidad, no en la ficción.

 

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