Miguel Piagentini

Adiós, ex alumno

No me hubiese gustado encabezar de esta manera una carta abierta a alguien a quien conocí desde sus años de la escuela secundaria, ¿te acordás, José Ramón Portillo?, cuando fui tu preceptor.

En esos años ya demostrabas la calidad humana que tuviste siempre en cualquier circunstancia de tu existencia, que fue demasiado corta para todo lo que hiciste.

Fuiste un ser humano casi excepcional, muy apegado a tus creencias religiosas, todo lo hiciste respetando las palabras de DIOS: Servir al prójimo, al amigo, hasta dar la vida por él.

Recuerdo que nunca te enojabas, siempre tratabas de estar con una leve sonrisa en los labios; así terminaste tu bachillerato en el Colegio Nacional “San Lorenzo“ en el año 1983, contando entre tus compañeros, al periodista y ex concejal Municipal Reinaldo Díaz.

La ilusión de servir a los demás la buscaste en medio de la medicina, hacia ello te abocaste con gran pasión, con esfuerzo tuyo, de tus familiares cercanos y amigos, lograste llegar al objetivo: te recibiste de médico, y en el juramento Hipocrático pusiste el énfasis de nunca bajar los brazos, aún ante la adversidad de la medicina, por eso fuiste recogiendo nuevos amigos, no eran solo pacientes, así los atendía. Llegar a que los atendiera era casi un placer, pese a las circunstancias de las enfermedades, porque los recibía con las manos extendidas, una sonrisa y desde allí aparecía el profesional, dando una palabra de aliento, siempre una esperanza. En alguna oportunidad fui tu paciente, ahora soy un ser que le cuesta entender los designios de DIOS, aunque los comprende.

Ex alumno José Ramón buscaste en la salud pública tu manera de colaborar, no quisiste ser parte de un nosocomio privado, en la sala de guardia del Hospital “Granaderos a Caballo“ y en los dispensarios municipales encontraste el dolor de la gente humilde, la que necesita solucionar sus problemas físicos y humanos, a ellos te dedicaste con pasión, entusiasmo, afecto, cariño, solidaridad, respeto y por sobre todas las cosas AMOR en el sentido humano y cristiano.

Fuiste de bajo perfil, dedicado a tu profesión, nunca pediste halagos, por eso hoy pasaste a ser parte de la historia grande de la medicina, fundamentalmente santafesina y sanlorencina: sos vos (dicho en términos actuales, aunque ya perteneces a la eternidad) el primer MARTIR de la medicina de la provincia de Santa Fe, producto de la pandemia del COVID-19, al igual que aquellos que en el siglo XIX fallecieron en Buenos Aires por las epidemias de cólera y de fiebre amarilla.

José, hoy que estás al lado de alguien a quien seguiste en sus enseñanzas: DIOS. Sé que vas a seguir ayudando a tus familiares, amigos, conocidos, compañeros de trabajo, los que de una u otra manera han pasado por tu existencia. Tu alma de MÉDICO no se ha terminado, simplemente se ha trasladado hacia otra dimensión.

Ex alumno, amigo, médico, profesional de la medicina en todos los aspectos, quiero que sepas que te extrañamos, pero sabemos que has cumplido hasta las últimas consecuencias con la profesión que elegiste: dar hasta la vida por el prójimo. Descansa en paz, te lo merecés por el bien que hiciste a todos por igual.

Tu viejo preceptor.

 

 

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