Aquietarme para ordenar el caos

Me dispongo a preparar mi “Momento del té” y mi mente se concentra en ese ritual mil veces repetido, pero que hoy tiene una connotación diferente. Vivimos un presente raro, sin parámetros, sin referencias. Entonces,  trato de generar un flujo de pensamientos buenos que me saquen del pantano de la frustración.

Estos son tiempos de grandes transiciones, nos asedian la incertidumbre, la ansiedad, la angustia, el temor a lo desconocido. Y me propongo no dejarme vencer por la negatividad de estos momentos oscuros que se cruzan en mi camino.

Busco el camino del Té, porque esta milenaria bebida ejerce una influencia extraordinaria en nosotros, expande nuestro campo frecuencial y me aferro a su fuerza. Debo provocar una transformación que guíe mi propósito de salir adelante. Debo cambiar lo que venía haciendo siempre para obtener resultados diferentes, con mucha convicción. Mis pensamientos deben  contener sentimiento, debo creer.

Sigo el hilo de los conceptos espirituales que vienen de oriente y “desarrollo la paciencia como el arte que me permite mantener la calma en medio de la tormenta”, porque mantener la calma es vital para que la mente resuelva acertadamente.

Creo que la felicidad y la paz no pueden depender de lo que esté sucediendo alrededor, ni del estado de las personas que me rodean. Porque “felicidad y paz provienen de la naturaleza original del alma”. Debo entenderlo y vivirlo así.

“El río no deja de ser río por enfrentar un paisaje sinuoso o cruzar una montaña, así yo no dejo de ser quien soy por los obstáculos que encuentro en mi camino”.

La llamada de este tiempo, es una llamada por la paz, una llamada para conseguir un profundo estado de calma y tranquilidad, que es el estado original del alma. Por eso, aquietarme me provocará un estado pacífico que tomará las riendas de una mente alborotada y clarificará mis pensamientos.

No existe ninguna situación de la que no se pueda extraer algún beneficio. Por muy difícil que sea, siempre podemos verla con actitud positiva. Con mucha fe en nuestro potencial interior, ayudados por la vibración del té, podemos enfrentarnos a  cualquier escollo y superarlo.

Y podemos aprender que deberíamos vivir este momento, no como el final de todo, sino como un nuevo comienzo, como la celebración de un cambio duradero. ¡Y que deberíamos fortalecer la esperanza de que nuevos caminos por recorrer nos esperan!

 

 

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Ing. Maricel de Pedrozo

M.P. 82-2-1504

 

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