La leyenda del té de Longjing

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En tiempos muy antiguos, en un valle de China había una pequeña aldea llamada Longjing donde sólo vivían diez familias. 

En las pendientes se cultivaban cereales y en las montañas se plantaban árboles y bambú. Pero, a pesar del arduo trabajo de los aldeanos, apenas tenían para vivir.

Fuera de la aldea, en una humilde choza, vivía una anciana mujer, a la que ya no le quedaban fuerzas para dedicarse a las tareas del campo. Lo único que podía hacer era cuidar 18 viejos arbustos de té que su esposo había plantado hacía decenas de años, y que por falta de buen abono y cuidado, habían bajado su rendimiento al máximo: sólo podía extraerles unos cuantos kilos de té al año.

Era una mujer muy bondadosa. Prefería pasar la vida llena de privaciones a cambio de tener siempre té para invitar a los viajeros.  Con ese fin,  había hecho construir dos bancos bajo el cobertizo y siempre invitaba a los viajeros que pasaban frente a su casa, a sentarse, descansar y beber té.

Un día, en víspera del Año Nuevo, cuando la nieve cubría los campos con un gran manto blanco, todos los campesinos preparaban comidas para los festejos, menos la anciana que no tenía nada, sólo le quedaba un poco de té.  Siguiendo con su costumbre comenzó a preparar té para los viajeros. En ese momento volvió la cabeza y vio un viejo cubierto de nieve llamando a la puerta de su casa. La anciana lo invitó rápidamente a pasar. Hacía mucho frío.

El viejo se sacudió la nieve y fue a sentarse frente a la chimenea. Le preguntó a la anciana qué estaba preparando, considerando la fecha, y  élla respondió que “sólo té” porque era muy pobre. Era la única obra buena que podía hacer en beneficio de los demás.

El visitante le expresó sonriendo que ella no era pobre, y le afirmó que fuera de su casa tenía un verdadero tesoro, indicando un gastado mortero de piedra lleno de basura que estaba abandonado.

Pensando que era una broma se lo obsequió pero el anciano le ofreció comprárselo.  Entonces la mujer decidió entregarlo limpio y enterró la basura entre los arbustos de té, ignorando que ése era el tesoro escondido.

Cuando llegó la primavera los arbustos de té brotaron copiosamente. Las hojas recogidas eran de una textura delicada y aromáticas, tanto que los vecinos propusieron a la anciana sembrar sus semillas en la montaña. Con el paso del tiempo, Longjing se cubrió totalmente de estos arbustos de té que se diferenciaron de los otros por su sabor especial, su delicadeza y su aroma peculiar, y empezó a ser conocido en todo el país con el nombre de té de Longjing. Precisamente, por esta historia, los productores de té afirman hasta hoy día que esos 18 arbustos de la anciana son los antecesores del Té Verde de Longjing.  

La característica que lo distingue del resto del té verde, es que tiene la capacidad de acumular la energía y transformarla en una fuerza al hacer una infusión. Es decir, es un té con fuerza interna. 

¡Buena Salud!

 

Ing. Maricel Pedrozo

M.P. 82-2-1504

 

 

 

 

 

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