San Martín

Día 5 de noviembre

0
0
0
s2smodern

1820. Desde Huaura San Martín contestó a Pezuela su carta del día 3 así: “Si usted no puede prescindir de los deberes de su ministerio público y tiene una voluntad superior que observar en todas sus operaciones, yo tengo igualmente obligaciones que llenar y dependo de un gobierno supremo cuyas determinaciones dirigen todos mis pasos bajo este supuesto, hay una línea divisoria entre mis sentimientos personales por la pacificación de estos países y los medios que se me obliga a emplear para obtenerla, entre mi indiferencia particular por la concesión de unos títulos que, repito, no tienen influencia en la decisión de la contienda y mi tesón en reclamar la igualdad de tratamiento que debe concedérseme como funcionario público de un Estado independiente”. A continuación detalla las razones por las cuales no le ha sido posible acceder a las sugestiones hechas por los emisarios realistas en las conferencias de Miraflores; y termina detallando las condiciones para realizar el canje de prisioneros que se está gestionando.

 

1820. En conformidad con el plan acordado el 30 del mes anterior, Cochrane prepara su gente, escogiendo a los más valientes y los arenga para la arriesgada empresa que iban a acometer. El Almirante había resuelto apoderarse de todos los buques españoles que se hallaban dentro de la bahía; con la idea de amaestrar a los tripulantes elegidos, el 4 de noviembre armó 14 lanchas, que cubiertas por marineros y soldados, se encaminaron hacia la plaza a las 10 y media de la noche; pero después de haber realizado un simulacro volvieron todos a sus buques respectivos.

Al día siguiente, -elegido para el gran acto- se hicieron señales a la isla de San Lorenzo, a consecuencia de las cuales llevaron la LAUTARO la INDEPENDENCIA , y el ARAUCANO, y dejaron en la bahía a la O'HIGGINS que con su alto bordo ocultaba las barcas colocadas al costado opuesto. Figurándose los realistas de que aquella zarpada de los buques independientes se habría producido ante la vista de algunas velas desconocidas, pensaron que esa noche podrían descansar tranquilos.

Eran las 10 de la noche cuando se embarcaron las tropas destinadas al asalto y se dirigieron sigilosamente hacia el fondeadero de los buques enemigos: las barcas conducían 240 combatientes formados en dos divisiones, una de las cuales mandada por el capitán Crosby y la otra por el capitán Guise, ambos ingleses, bajo la inmediata dirección de Lord Cochrane. Sería la media noche cuando cruzaron la estacada: al aproximarse a la ESMERALDA, les dio el ¡quién vive! un centinela de una lancha cañonera que hacía la guardia a la mencionada fragata. Cochrane, que se hallaba en la primera barca, se arrojó encima del citado centinela y le amenazó de muerte si hacía el menor movimiento: en un instante se hallaron todos los botes reunidos y abordaron a la –ESMERALDA  por babor y estribor. Sorprendido el capitán Coig que se hallaba en la cámara conversando con comandantes de otros buques que habían ido a visitarlo no pudo presentar sino una muy débil resistencia desde debajo de la cubierta, puesto que la gente que se hallaba encima había sido sorprendida por Cochrane y el capitán Guise, que por ambas bandas fueron los primeros en saltar al abordaje. 

“Dueño ya de este buque, aquel temerario caudillo -dice Torrente en su HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN HISPANO-AMERICANA- mandó picar los cables, soltar las velas y pasar a otro anclaje con dos lanchas cañoneras que tenía apresadas. Las fragatas extranjeras MACEDONIA e HIPERION izaron faroles como señal convenida para que no se dirigiesen contra ellas los fuegos de la plaza. Lord Cochrane que indudablemente tenía aviso anticipado de esta operación, presentó igual número de faroles para que los españoles dudasen de cual había de ser el verdadero blanco de sus tiros…”

“La fortuna -prosigue Torrente- premió con dadivosa mano la ciega confianza con que se habían entregado a tan arrojada empresa, digna sólo de ser concebida por una cabeza tan excéntrica como la del marino británico. Fue éste, sin duda, el rasgo de mayor valentía que recuerda en su sobresaliente carrera: su bien acreditada serenidad en los peligros superó con exceso en esta ocasión aún a los cálculos -menos modestos de los partidarios más adictos a su persona. Aunque había recibido un balazo en un muslo, no hizo caso de él hasta que se hubo posesionado completamente de su presa y ni aún entonces aplicó otro remedio sino el de ligar la herida fuertemente con un pañuelo. Sentado sobre un cañón y extendiendo su pierna en una hamaca, mandó impávidamente la maniobra, y continuó en aquella actitud hasta las tres de la mañana en que pasó a bordo de la O'HIGGINS…”

 

 

Del libro Efemérides Sanmartinianas de Jacinto R. Yaben, Instituto Nacional Sanmartiniano, tercera edición, 1978

 

Asociación Cultural Sanmartiniana de San Lorenzo

Redes y newsletter

© 2018 Diario Síntesis. Todos los derechos reservados.Desarrollo: Pencillus

Buscar