Santiago García

Puro Humo. El aire que respiramos

A la gente no le interesa el ecosistema, sólo le molesta el humo, de lo contrario se movilizaría mayoritariamente para impedir la agresión permanente sobre el medio ambiente. Practicamos como sociedad un turismo agresivo con nuestro ecosistema. En las islas por ejemplo se agrede el ecosistema con los motores de las embarcaciones, los ruidos y desperdicios tóxicos que vierten al humedal. En muchísimos lagos del sur del país están prohibidas las embarcaciones con motor y los deportes náuticos que se valen de ellos. Sobre nuestras islas y humedales se montan boliches invadiendo con parlantes que agreden y espantan a nuestra fauna y generando una práctica de consumo que deja infinidad de desperdicios en envases, latas y envoltorios que llevan siglos para que se degraden.

En los últimos meses observamos azorados el fuego desde estas orillas.

Según algunos especialistas de organizaciones ambientalistas el daño ambiental estimado es abrumador:  casi 200.000 hectáreas afectadas, destrucción de flora y fauna, calcinamiento de nidos y pichones de aves, microorganismos y semillas quemados por el fuego, suelos devastados por las altas temperaturas. Acuñamos el término ecocidio para dar cuenta de la destrucción de un ecosistema que hasta el momento venía resistiendo como podía: el de los humedales.

De esta margen del río Paraná comenzamos a respirar el humo de esos incendios y recibir las cenizas que el viento nos llevó. 

Esta contaminación “coyuntural” del 2020 se suma a la contaminación “estructural” silenciosa y constante del aire que venimos respirando en el cordón industrial desde hace décadas y que tal vez por ser invisible, “incoloro” e ¿“inodoro”? pasa desapercibido a los controles ambientales que tendrían que monitorear la calidad del aire que respiramos: polvillo del cereal, sustancias químicas, lluvias ácidas y ahora humo de la isla.

Una vecina de Fray Luis Beltrán que vive en una casa lindera a la ex-Sulfacid comentó a un medio rosarino que “empezamos a ver que cuando el viento venía del lado del río y ésta fábrica estaba trabajando, no podíamos dejar nada afuera porque se llenaba de ácido”.

Cuántas veces hubo “escapes de cloro” en el barrio cercano a la planta de Celulosa y Electroclor; hasta hubo que evacuar a los alumnos de la escuela Nuestra Señora de los Milagros por los fuertes olores provenientes de la fábrica.

¿Qué responsabilidades le caben a los gobiernos locales, al gobierno provincial y nacional, a las asociaciones empresariales, a los sindicatos, para velar por mitigar los daños medioambientales y monitorear la calidad del aire que respiramos?

En el año 2010, se aprobó mediante la Resolución provincial Nº 686/2010 del Ministerio de Aguas, Servicios Públicos y Medio Ambiente de la Provincia de Santa Fe, un Programa de monitoreo Continuo de Calidad de Aire. Algunos municipios adhirieron a ese programa pero les llevó un tiempo implementarlo, el programa recién se lanzó en octubre de 2013,  con el compromiso incumplido de que cada 6 meses se publicarían los resultados de los monitoreos.

Los primeros resultados de las evaluaciones ambientales Pm10 y Dióxido de Azufre se publicaron recién entre el 2015 y el 2017 en la página web de la Secretaría de Medio ambiente de la provincia de Santa Fe. Los participantes del estudio fueron las Municipalidades de San Lorenzo, Puerto Gral. San Martín, Capitán Bermúdez, Fray Luis Beltrán, Comuna de Timbúes, la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de San Lorenzo y la Universidad Tecnológica Nacional. 

En una nota periodística reciente, la Ingeniera Cecilia Bianco, coordinadora del área Tóxicos del Taller Ecologista señala que si bien la resolución provincial  Nº 686 /2010 obliga a medir la calidad del aire, los registros no se realizan en los puntos álgidos ni conflictivos, falta control y monitoreo de la calidad del aire. Y agrega que “la aplicación de la resolución provincial sigue siendo muy limitada en la cantidad de los datos generados y lugares de medición”. Y agrega que “no hay estudios que permitan conocer qué sucede con la calidad de aire al momento de la carga de cereales en los puertos, especialmente los ubicados muy próximos a los barrios”.

La agenda ambiental se actualiza día a día y el 2020 tuvo y tiene a los funcionarios al jaque, junto con el covid. Muchos intendentes del cordón industrial y los concejos legislativos comenzaron a “ocuparse” de estos temas, gestionando recursos para los incendios en las islas, habilitando recurso humano para su mitigación, recibiendo a organizaciones ambientalistas, como la Multisectorial en Defensa de los Humedales, que además de solicitar la coordinación interjurisdiccional de acciones y la inmediata aprobación de la Ley en Defensa de los Humedales suma a su reclamo la resistencia a la firma con China para la habilitación de mega granjas para la cría de cerdos. Pero también sabemos que los controles que pueden ejercer los gobiernos locales del cordón son “limitados” frente a industrias y empresas que forman parte del entramado productivo, económico e impositivo que sostiene a esos gobiernos.     

En cuanto al sector empresarial, la responsabilidad social para con el medio ambiente no pareciera ser aún un tema prioritario. La página web de la Cámara de Comercio e Industria de San Lorenzo presenta el Programa de Monitoreo del aire, pero no hay ningún informe publicado. Y en su Memoria 2019, no se reseña ninguna actividad promovida por la entidad referida a este punto.

Párrafo aparte merece el “nuevo” Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático de la provincia de Santa Fe, con un nombre demasiado rimbombante para las pocas líneas de acción que mostró hasta el momento, pandemia mediante.

Es difícil hablar de los humedales desde una ciudad asfaltada”, dijo el presidente Alberto Fernández en el acto en Puerto Gral. San Martín la semana pasada, con el humo en las islas de fondo. “Lo que haya que hacer lo haremos entre todos”, dijo el mandatario. 

Desde los municipios y las provincias se pide federalismo al gobierno nacional, pero el federalismo también se empieza por casa.

 

Redes y newsletter

© 2018 Diario Síntesis. Todos los derechos reservados.Desarrollo: Pencillus

Buscar