César Ríos

Nuestra actitud frente a la naturaleza

Al inicio de una cuarentena sin precedentes en la Argentina y de una pandemia como desde hace décadas no ocurre en el mundo, la reflexión nos lleva a pensar sobre todo aquello que se ha hablado y escrito acerca de las conductas humanas. Conductas relacionadas con los valores éticos, que incluyen por supuesto la estupidez y la avaricia, que juntas forman la peor de las sociedades. 

La ciencia investigará el surgimiento de este y otros virus y quizás encuentre cura para muchos de ellos, pero a los efectos de filosofar sobre cuál es la interpretación de estas pandemias, es decir de la interacción del ser humano con la naturaleza, es muy posible que sean efectos que se producen cuando el ser humano comienza a comportarse de un modo muy agresivo y desaprensivo con el medio ambiente. El calentamiento global, la deforestación sin límites, las contaminaciones de todo tipo, solo para sostener un consumo desmedido que se contrapone con pobrezas extremas, son actitudes frente a la vida de la cual deberemos comenzar a cuestionar para lograr una armonía. La concentración de la riqueza genera desequilibrios peligrosos, en lo social, en las economías, que llevan a conflictos y miserias insoportables. 

La actitud humana ante la vida es grosera, impune y despreciable. Y si se estudiara detalladamente nos sorprendería ver que es una minoría la que tiene un comportamiento malicioso. La mayoría tal vez sea cómplice por inacción más que por una acción directa. Por ese motivo, si se iniciaran acciones colectivas de cambio se podría torcer el rumbo de esta triste historia. Pero para ello hace falta un cambio personal, individual, para comenzar a entender.

El coronavirus pasará como han pasado muchas calamidades en la historia humana. Pero tenemos que aprovechar esta oportunidad para generar cambios sustanciales en las sociedades. Dejamos que la salud pública decayera, que la solidaridad fuera reemplazada por el individualismo, que la educación ingresara en la oscura trama de las imbecilidades y que nos ganara una minoría de brutos egoístas que se impone con su fatal prepotencia.

Hay que atravesar esta tormenta, que puede ser leve o severa, pero luego será tiempo de pensar, de actuar y de comprometerse con un futuro más acorde a la naturaleza que a nuestros deseos más oscuros.

 

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