César Ríos

Peste y conocimiento

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“La peste, procedente de oriente, entró en Alemania por la Bohemia. Viajaba sin apresurarse, al toque de las campanas, como una emperatriz. Inclinada sobre el vaso del bebedor, apagando la vela del sabio sentado entre sus libros, ayudando a misa junto al sacerdote, escondida como una pulga en la camisa de las mujeres de vida alegre, la peste aportaba a la vida de todos un elemento de insólita igualdad, un áspero y peligroso fermento de aventura”.

Marguerite Yourcenar, Opus nigrum

 

En esta novela de la prestigiosa autora francesa se narran aspectos de la peste que azotó a Europa hacia mediados del siglo XVI, en esa larga transición entre la Edad Media y el Renacimiento. Otros clásicos como Bocaccio, en El Decamerón y Albert Camus, en La Peste, han abordado con precisión diferentes pandemias que se desencadenaron en Occidente. Cabe recordar que la peste negra que se desató en el siglo XIV, se calcula que provocó la muerte de unos 70 millones de europeos. Y la más temible fue la llamada “gripe española”, denominada así porque España no participó en la Primera Guerra Mundial y no hubo censura cuando hizo su aparición. Estimaciones actuales hablan de la muerte de hasta 100 millones de personas en el mundo.

Son cifras como para dar una idea del impacto que generaron estas pestes en la memoria colectiva de la humanidad y que ha llegado hasta nuestros días como un amargo recuerdo. Quizás por eso, cuando se habla de pandemia o cuando una enfermedad como el coronavirus hace su aparición, el pánico se apodera de muchos ciudadanos de un modo demencial. No obstante, todavía la humanidad no ha aprendido mucho de su pasado y repite costumbres y comete errores que llevan a contagios masivos, como el ocurrido en la localidad de Wuhan, en China, epicentro del COVID-19. Costumbres alimenticias ligadas al maltrato animal y a la escasa higiene, sumado a situaciones de obscena promiscuidad han desatado reacciones naturales que tienen su correlato en las enfermedades y catástrofes medioambientales.

Tal vez en estos momentos sea más grave el dengue que el coronavirus, por eso la atención debe ser integral y debemos velar por todos los aspectos que hacen al cuidado de la salud y seguir las recomendaciones de los especialistas.

Hoy la ciencia ha avanzado a pasos agigantados y permite desarrollar vacunas, conocer el comportamiento de estas enfermedades y difundir masivamente conocimientos de prevención a las poblaciones. Es otra época, existe otra tecnología, se sabe más, pero a veces las conductas siguen siendo las mismas y nos seguiremos encontrando con pestes peligrosas. Es parte de la supervivencia. Un viaje que, como el relato de Yourcenar, nos conduce a la peligrosa aventura de la vida.

 

 

* Publicada en la edición papel del viernes 6 de marzo de 2020

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