César Ríos

Compromiso legislativo

A lo largo de la historia de los concejos municipales de nuestra región se han registrado duros enfrentamientos, sesiones memorables, cuando se trataban temas complejos, que requerían estudios profundos, pues estaban vinculados con el uso del dinero público o con el cambio de vida en algunos proyectos urbanos. Generalmente se producían fuertes discusiones en estas sesiones polémicas por la queja de los vecinos, que se movilizaban pidiendo una resolución, ya se a favor o en contra del tema que se discutía. Pero esta sana discusión siempre se lograba si había algún concejal que motorizaba las cuestiones, es decir, que no era oficialista y se oponía, muchas veces con vehemencia, a los arbitrios de los ejecutivos municipales.

En los últimos años se desencadenó una moda, tanto en algunos votantes como en funcionarios, de que plantear discusiones o apasionarse por temas polémicos no es políticamente correcto, no es bien visto. Quizás sea una consecuencia de antagonismos odiosos que se han dado a nivel nacional, que ha llevado a creer que la paz y la armonía son antagónicos de los planteamientos firmes acerca de temas que no se los puede dejar pasar por alto. Sino, disolvamos los cuerpos legislativos porque no tienen sentido en un mundo de paz idílica que en definitiva no existe. Porque la sociedad es en realidad un constante fluir de contradicciones y puntos de vista, cuando no de denuncias, porque no todo el mundo se porta bien. En la mayoría de los casos piden la paz y dejar de molestar con los planteamientos aquellos que tienen una intención oculta, porque la luz pública los expone a sus verdaderas intenciones.

Y en los últimos tiempos, los concejos municipales parecen haber caído en una de esas posturas equivocadas. Muchos concejales de la oposición han actuado con una tibieza inmutable, ya casi rozando la conducta rastrera y temerosa, por momentos funcionales con los intendentes a los que deberían controlar. Como si estuviésemos ante un falso equilibrio, o una farsa de equilibristas. Concejales que en silencio otorgan, que levantan las manos en cansadas aprobaciones oprobiosas, como acompañando a los concejales oficialistas (superoficialistas).

Entonces, no es bueno para una democracia que no exista o se cultive la discusión con altura, el planteamiento firme y a viva voz, y no con genuflexas vacilaciones que empobrecen el espíritu libertario.

En fin, se han renovado los concejos municipales de la región y es de esperar un mayor compromiso con el espíritu que debe tener un órgano legislativo.

 

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