César Ríos

La masa oculta en el mar de la corrupción

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Si existe una alianza peligrosa que acreciente la inseguridad en las sociedades, es aquella compuesta por delincuentes y policías. Esta asociación es la más nefasta porque se rompe el esquema en el cual el delito es perseguido por la autoridad. Y si a esto le agregamos una pizca de participación de funcionarios judiciales y de funcionarios políticos, el resultado es el gran problema de la inseguridad que vivimos en nuestro país desde hace años.

Los problemas del delito no son una gran enfermedad social, algo que cae de arriba, como un castigo incontrolable de la naturaleza. Es un problema de conductas humanas. Y el Estado tiene todos los elementos y toda la fuerza para impedir, siquiera, que se instale por un corto período. Pero se instala cómodamente y se desarrolla mejor que cualquier emprendimiento comercial que, dicho sea de paso, aquellos que intentan construir con todas las de la ley, se encuentran con los mil y un inconvenientes habidos y por haber, es decir, todos los obstáculos, como si de un castigo se tratase. Y, ya lo hemos dicho en otras oportunidades, los que corren por izquierda no tienen inconvenientes.

A esto se llama corrupción, cuando todos los que deberían combatir el delito, participan por acción o por omisión de cuanto negocio sucio ande dando vueltas por ahí. Entonces, de este modo, es difícil poder encontrar una salida a este problema. Solución tiene, nada más que no se quiere implementar ninguna, pues la mayoría abreva en el néctar del dinero fácil que ofrecen este tipo de negocios.

Narcotráfico, juego clandestino, puertos secos, húmedos y de fertilizantes, excedente de las obras públicas, son solo algunos de los negocios que impiden que se implementen medidas de seguridad para evitar los crímenes que la población sufre a diario. Porque al estar involucrados los que tienen la función de combatirlos, no solo que no se hace nada, sino que se hace todo lo posible para ayudar a que se incrementen estos “negocios”.

Esta semana el jefe de la Unidad Regional XVII de San Lorenzo fue forzado a retirarse del cargo y de la fuerza policial, con pedido anticipado de la jubilación, salpicado por el caso de dos altos policías, que revistaban bajo su mando, involucrados en la causa de Alvarado. Pero los policías son siempre los fusibles, la punta del iceberg que asoma un poco. El grueso de esa masa de hielo hundida en el mar de la corrupción es inmensa. La única manera de encontrar el camino hacia soluciones definitivas es intentar ver quiénes son los actores que se encuentran ocultos a la vista de todos los que queremos vivir mejor.

 

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