César Ríos

El día después de las elecciones 

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El próximo lunes parece ser el día más importante que el domingo, cuando los argentinos concurran a las urnas a elegir al nuevo presidente de la nación. De acuerdo al ambiente que se viene viviendo durante estas últimas semanas el lunes amenaza con ser un día caótico. El resultado de las PASO no dejó dudas de la gran cantidad de votos que recibió uno de los candidatos, Alberto Fernández, y la gran diferencia con el actual presidente Mauricio Macri, pero la determinación de dar vuelta los resultados de parte del oficialismo y las movilizaciones llevadas a cabo en este último mes, han devuelto las esperanzas a ese gran sector que quedó segundo en las elecciones primarias.

Por eso, los resultados, ya sean de triunfo para unos como para otros, establecen de antemano un conflicto en puertas (hasta el punto de que algunos hablan de fraude). Y más allá de las vicisitudes de campaña y de las elecciones en sí mismas, los dos sectores que tienen mayores posibilidades de ganar plantean proyectos diferentes de país, realizan lecturas disímiles y han establecido una base de rencores, cuya peligrosidad asoma en un horizonte no muy lejano si las posturas de los dirigentes no logran aunar criterios positivos para salir de una crisis económica y social preocupante.

En otros países de Latinoamérica se viven conflictos graves que señalan un malestar generalizado, que tiende a señalar como responsables de las situaciones adversas a las clases políticas y dirigenciales de todo tipo, incluso a los grandes medios de comunicación. Hace tiempo que los representantes políticos se han escindido de los problemas que sufren los ciudadanos y la avaricia cada vez más desmesurada los lleva a impulsar un Estado que no atiende los problemas reales, presentes y mucho menos por los que vendrán en un futuro. No solo ha dejado ser un Estado previsor, sino que prácticamente está ausente en este presente de caos y confusión. 

Por supuesto que los dirigentes surgen de las sociedades, y en este sentido estas tienen su cuota de culpa. Los comportamientos individuales conforman los comportamientos sociales, por lo que los resultados de las elecciones son una decisión de la mayoría que todos deberán respetar. Esas son las reglas del juego de esta democracia. Y si no, habrá que pensar y repensar el sistema para encontrar las soluciones a nuestros problemas que se han convertido en crónicos.

 

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