César Ríos

Derechos, responsabilidades y valores

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Los últimos años se han caracterizado por un incremento de los derechos a favor de las personas. Es algo muy positivo, si tenemos en cuenta que en muchos momentos de la historia los derechos han sido vulnerados repetidamente. El acceso a la tecnología y a las comunicaciones, que han generado un mundo hiperconectado, lograron una tremenda horizontalidad y democratización que produjo una mayor apertura mental y, como consecuencia, un desarrollo concreto en los derechos de los individuos. En casi todos los órdenes de la vida social y laboral, los derechos se constituyeron en una bandera de luchas y reivindicaciones como nunca se había visto en la historia.

Sin embargo, este avance parece haber producido también un freno en lo que respecta a las responsabilidades individuales. Se exige el respeto a los derechos pero no se pone el mismo énfasis en las responsabilidades. Es un hecho que se observa a diario en las conductas personales en el desarrollo de la sociedad: en el respeto a las leyes de tránsito, con el cuidado del medio ambiente, en el trato cotidiano entre las personas, en la observancia de las normas de convivencia en general. Cuando las personas ensucian la vía pública, generan ruidos estruendosos con los vehículos, lanzan a las mascotas a la calle para hacer sus necesidades, en fin, se podrían enumerar muchísimas conductas que atentan contra la urbanidad.

Y tenemos otras más sutiles, que señalan el verdadero desinterés de las personas por el bienestar general, como la pérdida de los valores que eran elementales en el pasado y que ahora han pasado al olvido. 

Muchos creen que son pensamientos arcaicos, que la modernidad, con su tecnología de avance, ha generado cierta permisividad para pasarlos por alto, cuando en realidad cada vez hacen más falta para encauzar el desborde generalizado. Se piensa que la política es sucia y así se vota y se encara en cada elección, para luego quejarnos de los dirigentes que gobiernan. Nadie se involucra y se espera que soluciones mágicas resuelvan los problemas. Y así, se deja de lado el trabajo, el esfuerzo para poder avanzar se convierte en un obstáculo y se buscan caminos alternativos, más cortos, más fáciles de transitar, como si la vida fuese una elección en la cual podemos evitar nuestra responsabilidad y salirnos airosos de todo. 

Estamos atravesando por un hedonismo irresponsable, sin sentido, y esa carencia de sentido nos confunde, nos hace creer que alcanzamos aquello que anhelamos como libertad, cuando en realidad cada vez más nos estamos encerrando en los oscuros pasillos de nuestras propias contradicciones.

 

 

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