César Ríos

Los puertos y sus peligros

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La situación de la actividad portuaria se ha convertido en un verdadero problema en lo que respecta a la seguridad, que se ha visto reflejado en la conferencia de prensa realizada en la sede de Urgara en Rosario, con la presencia de numerosos legisladores, hecho que prácticamente no ha tenido mucha difusión en la prensa. 

Desde hace tiempo se viene alertando de la falta de controles en los puertos, ya sea lo que tiene que ver con el constante movimiento de prostitución y drogas, como lo ahora denunciado que es la total falta de control de los embarques. Y en cuestiones sanitarias desde que se desarticuló el SENASA también se ha podido observar la falta de control en estas cuestiones tan delicadas para la población.

Si hacemos volar un poco la imaginación (tampoco hay que hacerla volar mucho), podríamos preguntarnos acerca de la seguridad que tiene que ver con el ingreso de enfermedades y también de situaciones vinculadas al terrorismo internacional, teniendo en cuenta que la famosa triple frontera en el noreste argentino, conformada por Puerto Iguazú (Argentina), Ciudad del Este (Paraguay) y Foz do Iguaçu (Brasil), es considerada un lugar estratégico para el terrorismo, el narcotráfico y las mafias de distinto tenor, ya que desde allí proviene la actividad de la hidrovía, que ha crecido en los útlimos años. Y en este sentido también son pocos los controles que el Estado realiza en toda su extensión sobre el río Paraná.

Los puertos han sido, son y serán sitios de contrabando, y las mafias modernas lo siguen utilizando, y cuando el control del Estado es laxo nos encontramos ante una realidad peligrosa para la seguridad de los ciudadanos, como las enfermedades y los actos de terrorismo. Y desde el punto de vista impositivo también, porque cuando faltan los controles no todos cumplen con sus obligaciones.

Y esto es extraño, ante un Estado que persigue cada detalle del movimiento financiero de pequeñas y medianas empresas, pero que se amilana ante las grandes, que se mueven en aguas oscuras y peligrosas. En fin, si algo ha mostrado la historia de nuestro país es que les va mejor a aquellos que circulan por la izquierda. Cada vez más, los ciudadanos que intentan cumplir con sus obligaciones se sienten más estúpidos y se cansan de observar las conductas impúdicas e impunes que caracteriza a una clase de gente corrupta y prepotente.

 

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