César Ríos

Balaceras 

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Ninguna provincia del país está exenta de situaciones de inseguridad. Obviamente las más convulsionadas son Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba que, sin tener en cuenta los índices y porcentajes que hay en todo el país, son las más pobladas y las que registran mayor virulencia en los delitos que se cometen.

Pero Santa Fe tiene una triste particularidad, debido al accionar de bandas narcocriminales que parecen gozar de una impunidad especial. Y esto lo demuestran las balaceras, al mejor estilo de las bandas mexicanas, que no tienen temor ni respeto por el Estado. Comenzaron en Rosario con matanzas a plena luz del día y siguieron con los balazos a la casa del entonces gobernador Antonio Bonfatti. En estos últimos tiempos, luego de haber pasado por homicidios diarios, se dedicaron a balear casas de funcionarios judiciales, sin que esto le moviera un pelo a las autoridades políticas. Como si estuviesen viendo todo como si fuera una película: solamente se escuchaban recios comentarios y alguna que otra idea para enfrentar la situación. Hasta que llegaron los balazos a una vivienda y le costó la vida a una niña de cinco años de edad. Lo que parecían hechos folclóricos de la delincuencia rosarina, acusada por otro lado de tener vinculaciones con poderes policiales y políticos, terminaron con una vida inocente. Y así y todo, las autoridades siguen con esa inepta actitud de creerse ajenos a todo lo que está pasando, poniendo cara de severa distracción (por no decir que se hacen los boludos) y prometiendo castigos divinos.

Ahora los balazos se han incrementado en la ciudad de Capitán Bermúdez. Los primeros le costaron la vida a Any Rivero. Ahora se suman algunos heridos en una nueva balacera a la salida de un boliche, con una total impunidad que señala la peligrosidad que significan estos hechos para la seguridad de los ciudadanos. Y nadie del poder político de esa ciudad parece conmoverse.

Por supuesto que estas acciones delictivas no son casuales o que tengan que ver con la psiquis desequilibrada de algún enfermo mental. Estas acciones se enmarcan claramente en el crecimiento del narcotráfico y de sus vinculaciones con el poder, cuestiones que hemos tratado durante mucho tiempo. 

Nuestra zona es muy profusa en tráfico y venta de drogas, ya sea aquella que circula por las ciudades, como las que navegan por el río Paraná, escudándose con las posibilidades que otorga la hidrovía (en este sentido existen investigaciones federales respecto a esta forma delictiva) y su anexo mayor que involucra a muchas empresas y personas con el lavado de activos.

Cuando esto ocurre, cuando muchos estamentos de la sociedad se encuentran involucrados directa o indirectamente con estas actividades, la inseguridad desborda y genera estas realidades de robos, balaceras y muertes que atentan contra toda la sociedad.

 

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