César Ríos

El intendente vive en Rosario y los ciudadanos sufren la inseguridad

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El humor popular refleja el pensamiento de muchos bermudences

 

La inseguridad es una realidad que campea en toda la República Argentina. A cada momento vemos en los medios de comunicación la gran cantidad de hechos delictivos que se llevan a cabo, con un notable incremento en los últimos tiempos. En nuestra región se producen hechos similares, pues no escapa a la realidad general. Pero en la ciudad de Capitán Bermúdez ocurren situaciones más complejas y profundas. Los robos son una constante que perturban la tranquilidad de los ciudadanos y comercios, por la impunidad con la que se cometen. Hace días atrás se produjo otro asesinato de un jubilado, que todavía no ha logrado resolverse y cada día que pasa se hace más difícil llegar a descubrir a los autores. Un negocio fue asaltado siete veces y al cierre de la presente edición balearon un comercio.

¿Qué relación puede haber entre todos estos delitos con la situación política y la responsabilidad policial?

Por empezar, tengamos en cuenta que el Intendente Daniel Cinalli no vive en Capitán Bermúdez, reside en Rosario, en uno de los edificios más coquetos de Bulevar Oroño, por lo que la inseguridad no lo alcanza, ya que hace tiempo que no sabe cómo es vivir de noche en la ciudad que gobierna".

Existen fuertes lazos entre el poder político y los garitos clandestinos de juego, que se erigen ocultos entre las casas de los habitantes o en negocios que parecen verdaderas pantallas. Negocios que, como la prostitución, están a la luz de todos y, hasta por momentos, parecen ser custodiados por la policía.

Entonces, cuando el poder político no solo se hace el distraído con el problema de la inseguridad, sino que hasta parece ser cómplice del accionar impune de ciertos sectores mafiosos, nos encontramos en un estado de abandono absoluto. Y en ese estado los delincuentes aprovechan para actuar a su antojo, los hechos de inseguridad aumentan y se convierten en más violentos, como los ocurridos en el pasado con la muerte de Any Rivero y del conocido comerciante Gabriel Gordo.

Algunos sectores barriales se encuentran cooptados por el narcotráfico, que no sienten ni la más mínima presión del poder político. El escaso trabajo social que el Estado municipal realiza deja en evidencia esa orfandad en sectores desprotegidos, que deben convivir con malandras de todos los colores.

Evidentemente, la ausencia de las autoridades en los problemas más complejos, genera más inseguridad y violencia, las cuales terminan sufriendo los ciudadanos que siempre esperan, con un largo anhelo, que algo cambie. 

 

 

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