César Ríos

Que parezca un accidente

Hablar de accidentes no es nuevo, estamos acostumbrados a hacerlo desde los medios de comunicación. Y es positivo seguir haciéndolo hasta que la mayor cantidad de gente posible se concientice de la necesidad de pensar cuando se maneja. Pensar en el cumplimiento de las leyes de tránsito, que no es porque los gobiernos la imponen, sino porque son convenciones vitales para poder circular y evitar los accidentes de tránsito. Que en realidad no son tales, pues la mayoría se producen por negligencia, distracción, y muchos motivos más que pertenecen al comportamiento humano. Un comportamiento que vemos a diario y que realmente es increíble que suceda. 

Todavía no salgo de mi asombro lo que me ocurrió el lunes pasado cerca de las 18 h, cuando circulaba por calle Brown y, al llegar a Santiago del Estero, una mujer de entre 20 y 30 años, en un auto gris, cruzó la esquina a una velocidad cercana a los 50 km, manejando con una mano porque en la otra (la mano derecha) llevaba el celular e iba leyendo y riéndose. Sin mirar hacia su derecha si venía algún vehículo. Ya no hablemos de que no tenía prioridad de paso, eso es algo que tal vez ni siquiera lo sepa. Fue tal mi asombro e indignación (y la velocidad que llevaba) que no atiné a registrar el número de la patente.

Esto es, quizás, un poco extraordinario, pero la mayoría de los “accidentes” se producen por causas similares, es decir, temeridad e ignorancia de los conductores. Y me atrevo a afirmar esto con solo ver que más del 90 % de los conductores ignoran (o lo saben y son temerarios), que al ingresar a una rotonda tienen que dar prioridad al que ya está circulando en la misma. Deben desconocer el triángulo blanco que está pintado en el asfalto o no leen los carteles que dicen “Ceda el paso” o “Pare”. 

Sobre que el peatón es despreciado como una molestia, ya lo hemos dicho en numerosas oportunidades. La prepotencia de los conductores olvida la prioridad de los peatones y ciclistas.

También está de moda circular de noche con las motos sin la luz encendida, ya superamos esa etapa de sorprendernos porque las motos cruzaban los semáforos en rojo, ahora tímidamente se sumaron algunos automovilistas. Quizás hasta que, con el tiempo, nadie respete nada y el tránsito se regule solo, gracias a la coordinación que se implemente entre los mismos conductores.

Un verdadero desastre que se refleja en el informe del Observatorio de la Agencia de Seguridad Vial de la provincia, que publicó el mapa de los accidentes viales fatales de Santa Fe, por cada departamento, que publicamos en esta edición.

Por eso, seguir hablando de accidentes, de las reglas de tránsito y demás desgracias, es tan evidente como necesario. Aunque la mayoría parecen accidentes cuando no lo son.

 

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