César Ríos

Aumentos, despidos, peaje y gobiernos

El año 2018 comenzó con aumentos que siguen complicando la vida de los argentinos, aunque no lo sientan en estos momentos, porque el ánimo festivo de Navidad y Año Nuevo y ahora las vacaciones generan distracciones sobre la realidad. Son los momentos especiales para los aumentadores seriales que siempre ha tenido la Argentina. Aumentadores que especulan, porque saben que los argentinos pagarán, más allá de las quejas. 

Los aumentos a nivel nacional como la luz, la nafta, varios servicios, y en nuestra región el fenomenal aumento del peaje de la autopista, terminan desgastando el ánimo de los ciudadanos, que debe soportar también el peso de los impuestos y del pésimo servicio que presta el Estado en todas sus expresiones.

En el caso del peaje, la vergüenza no tiene límites. Luego de pasar por varias situaciones en que se privatizó y luego se estatizó la concesión de la autopista Rosario – Santa Fe (en actos denunciados como irregulares), de promesas incumplidas del gobierno provincial acerca de la construcción de la tercera vía (arrancaron para las elecciones del 2015 en el principio de la autopista en Rosario, pasando la máquina como paso previo al asfaltado de esa tercera vía y todo quedó en la nada), de aumentos varios y ahora del último, vergonzoso, en que las cabinas de los accesos pasaron de $ 5 a $ 10 y en los troncales de $ 20 a $ 35. En una autopista peligrosa por sus baches y por su pésima demarcación; por las apedreadas de delincuentes; por los inmensos chanchos que merodean por algunos sectores; por el uso que hacen los camiones, estacionando en largas colas a lo largo de kilómetros, muchas veces taponando los accesos norte y de La Ribera; por la falta de colectoras, útiles a la hora de salir de la encerrona cuando se produce un accidente (que son habituales); por la escasa iluminación de los accesos; por la intransitabilidad en algunos tramos cuando llueve o se producen inundaciones en los campos. Entonces, ¿de dónde provienen esos aumentos?, ¿qué parámetros utilizan a la hora de decidir? 

Indigna. Como también indigna la inseguridad en las empresas que se llevan vidas y dejan heridos. O los despidos, porque una política económica decide tales rumbos a seguir, tales situaciones a sanear, como si el objetivo del saneamiento fuese dejar familias sin sustento. 

¿Acaso la concepción de los Estados modernos no se gestó para otorgar bienestar a todos los ciudadanos, para evitar las guerras de todos contra todos, para proteger a los más débiles? ¿No era ese el pacto entre las gentes del pueblo, elegir a nuestros gobernantes para evitar todo ese caos, esa injusticia que se generaba cuando no existían gobiernos democráticos?

En fin, quizás haya que reordenar el pensamiento y los ciudadanos tengan que ser más claros con sus gobernantes, porque cada vez más con mayor frecuencia regresamos sobre los mismos problemas y siempre terminan perdiendo los más débiles.

 

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