César Ríos

Ecocidio, desidia, complicidad e hipocresía

La foto de tapa de la presente edición es una muestra del resultado de los incendios en las islas frente a la ciudad de San Lorenzo. Es de imaginarse que debe ser una postal similar a la de la mayoría de las zonas del delta del Paraná que se han quemado en las últimas semanas. Según los datos dados a conocer por el Museo Regional de Ciencias Naturales Antonio Scasso, se desataron 7390 focos de incendio en lo que va del mes de agosto, mientras que en julio se registraron 6741. Intencionales o no, los Estados tanto nacional como provinciales han demostrado su incapacidad para hacer frente a estas tragedias, porque no existen brigadas especiales para enfrentar estos incendios y porque no existe una autoridad específica para investigar y evitar lo más posible estas catástrofes naturales.

La muestra es la desidia y la complicidad de los gobiernos con lo que ocurre hace mucho tiempo con las inmensas áreas de bosque nativo que se están destruyendo en el norte argentino. Sumado a los desastres ecológicos de las mineras y otros por el estilo. Esto demuestra que no hay interés en buscar soluciones para mitigar el impacto negativo ambiental de estas actividades. 

Y, por otro lado, también demuestra que a la ciudadanía en general tampoco le interesan estos temas. Desde que el humo llegó a Rosario parece ser el único problema, no tanto el desastre natural, la muerte de especies y de flora, el impacto que genera todo esto para las futuras generaciones. Quizás por eso los gobernantes no se molestan demasiado, porque la hipocresía abunda como abundan los desastres naturales provocados por el hombre.

Acá duele porque se ve, pero no duele de la misma manera cuando las empresas del norte deforestan recursos naturales nativos sin importarles nada, destruyendo ecosistemas completos, condenando a las especies a desaparecer.

Las soluciones son simples: crear espacios legales de protección para las áreas naturales, crear más parques nacionales, con todo lo que ello implica para su defensa y conservación. Y para los que miden todo con la vara de la economía, eso sería más barato que enfrentar cada tanto y cada vez más seguido, estos verdaderos desastres naturales que terminan condenando a la misma humanidad.

 

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