“No he venido para llamar a los buenos, sino para invitar a los pecadores a que se arrepientan”

Lucas 5-32, La Biblia

 

El país atraviesa momentos de gran incertidumbre. No solamente por la situación económica, que no da sosiego a nadie, porque día a día se sienten cada vez más los efectos de una crisis a la que nadie atina a frenar, o por lo menos explicar, sino también por el gran escándalo que se ha desatado con la investigación judicial que involucra a una gran parte del empresariado argentino y de dirigentes políticos. Dirigentes que todos vinculan con el kirchnerismo, porque la investigación está orientada en ese sentido, pero en realidad ha sido un modus operandi entre funcionarios del Estado y empresarios a lo largo de una gran parte de la historia argentina. Grandes fortunas se han amasado bajo la cómplice égida del Estado, a través de las obras públicas, con sobreprecios y hasta con obras de mala calidad, hechos que son a las claras delitos, pero que en la retorcida figura del “arrepentido” muchos han encontrado el modo de zafar de la Justicia. En realidad, la Justicia, es decir, los funcionarios judiciales a cargo, han hecho zafar a empresarios y funcionarios de la aplicación de la ley, porque lo que debiera ser una investigación profunda acerca de estas historias, solo se ha centrado en un caso específico. Bienvenido sea, toda investigación sobre corrupción ayuda a entender la realidad, no obstante es necesario cambiar las reglas del juego para evitar que de aquí en más se sigan produciendo estos fenomenales robos en contra del pueblo argentino.

“Arrepentíos” ha sido un grito moral a lo largo de los siglos, para que aquellos que quisieran recuperar una condición religiosa puedan hacerlo a través del arrepentimiento. Sin embargo, al decir del filósofo Spinoza: “El arrepentimiento no es una virtud, o sea, no nace de la razón; el que se arrepiente de lo que ha hecho es dos veces miserable o impotente”. (Proposición LIV) De manera que los arrepentimientos a los que hemos asistido en estos últimos días no tienen nada de heroicidad, sino tan solo esa máscara que cubre la realidad. Está claro que en el caso de los “cuadernos de Centeno”, no se habla de un sincero arrepentimiento, sino tan solo de una actitud conveniente para evitar el castigo legal. 

El brazo de la Justicia debe alcanzar a todos, para que de una vez por todas se sepa la verdad y para que aquellos que vengan a gobernar en el futuro, sean ejemplos de virtud y no tener que esperar de ellos los falsos arrepentimientos que avergüenzan la moral y las buenas costumbres.

 

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