César Ríos

    Cansancio

    Oliverio Girondo

     

    Hay un poema de Oliverio Girondo que se llama “Cansancio”, en el que expresa un hastío hacia muchas cosas de la vida, acerca de las relaciones, de las falsedades, una suerte de protesta existencial que conjuga una serie de palabras pegajosas y extrañas para el diálogo común. En algunos versos se podría decir que también huele a ese “manoseo” que sobre un ser humano se ejerce, ya sea en sus relaciones íntimas o sociales. Por eso, aunque no esté directamente vinculado a una cuestión política, creo que es posible admitirlo también como un hartazgo de lo que nos pasa a los argentinos por estos días de intrincada realidad económica y política.

    En realidad el ojo habría que ponerlo en lo político, como forma de entender y reaccionar a una realidad repetitiva, aburrida y peligrosa a la vez, porque aquellos que tienen la obligación de conducir los destinos de un pueblo no tienen ni la más remota intención e idea de hacerlo. O por lo menos es lo que demuestra con sus idas y venidas.

    En este caso actual en referencia con el gobierno actual, pero es una constante y una forma de ser de todos los que fueron en el poder en los últimos años y en su mayoría de toda la dirigencia que ha acompañado a unos ya otros.

    Por eso el cansancio, ese hedor a cosa podrida, a mal estado, que sabemos que no puede terminar bien, en un sentido de proyección a lo largo del tiempo y quizás, en un sentido más corto, es decir, de esta etapa que estamos viviendo.

    Como país que sueño en proyectarse y crecer, sabiendo de nuestras bondades como territorio, está lejos de poder ver algo concreto, alguna salida que nos ubique en una posición deseable. Y como país tampoco que quiere salir de esta crisis, pues no se avizora nada más que desaciertos cuando hay una intención de hacer algo o, lo peor, nada, por no haber una planificación, una idea de lo que hay que hacer. Y esa inacción seguramente tiene que ver con que se sabe que lo primero que se tiene que hacer es poner orden en todo: en la economía, en seguridad, en lo social, en lo político, es decir, cambios verdaderos que ayudan a todos a conocer las reglas de juego para poder empezar a trabajar en serio.

    Todo lo que viene implementando y diciendo son obstáculos para los que desean trabajar, crecer, proyectar. Imposible planificar porque es imposible contratar gente, invertir, por la gran cantidad de obstáculos que cansan, hartan, desgastan, molestan, indignan, y vuelven a recansar, a rehartar, regastar, remolestar, reindignar y luego vuelven a recontracansar, a recontrahartar, recontragastar , a recontramolestar, a recontraindignar… y así sigue en una interminable retahíla de estúpidas acciones, presencias y costumbres que nos llevan a un eterno cansancio.

    También existe una responsabilidad individual y social como parte de este poema épico interminable de una realidad insustancial que nos mata de a poco. Por eso, los versos de las quejas, también forman parte de ese poema.

     

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