César Ríos

    Lecciones de la historia

    El cementerio de Darwin en Malvinas. Muchos soldados quedaron en ese suelo patrio.

    En estos días que se avecinan los recuerdos fluirán de manera muy particular.

    El 20 de marzo se cumplen dos años de aquel día en que se declaró en nuestro país el aislamiento obligatorio, decisión empujada por el coronavirus que venía avanzando en el mundo a pasos acelerados. Como nunca en esta edad contemporánea casi todo el planeta se vio ausente de seres humanos. Hasta en algunas ciudades se pudo observar el avance de animales silvestres, curiosos y hasta sorprendidos por la ausencia de ruidos humanos. Los que tuvimos la oportunidad de ver y registrar esos momentos de extraña calma sentimos que todavía podía haber oportunidades para nuestra supervivencia, de pensar que si frenábamos la locura en la que estábamos inmersos antes de la pandemia podíamos convertirnos en una sociedad mejor. Sin embargo, en ese transcurrir de pandemia, salieron a la luz también muchas miserias ocultas, hasta el punto en que hoy el mundo se encuentra azorado por una nueva guerra desatada en Ucrania. Volvimos a ser los mismos, quizás peores.

    La Junta Militar del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976

     

    El 24 de marzo se recuerda el fatídico golpe de Estado de 1976, hoy transformado en el Día de la Memoria, para no olvidar los aberrantes delitos cometidos por una dictadura. Ha sido mucho el trabajo que se hizo al respecto y los juicios a los que cometieron esos delitos de lesa humanidad han sido un ejemplo de civismo para el mundo. No obstante, parece que algunas heridas no han sanado y que algunos odios han reverdecido con una violencia inusitada. Verbal por el momento, pero sabemos de qué manera se empieza y no cómo terminan estas cosas. Y si a eso le sumamos la ineptitud y la corrupta codicia de muchos dirigentes (de uno y otro lado), que nos están llevando a un profundo pozo moral, económico y cultural, nos daremos cuenta que muy poco hemos aprendido de la historia.

    El 2 de abril de 1982, esa misma dictadura nos transportó a un lugar frío y distante, a una guerra en las Islas Malvinas que quedará en la memoria y en la historia como registro de nuestros tiempos. Una generación afectada por los horrores de la guerra y rescatadas del olvido muy lentamente nos enseñó que la patria todavía era posible, que las gestas no eran de antaño y que al desempolvar algunos bronces veíamos cuán cerca teníamos los nuestros en esta época de injustos. De ellos proviene la poca moral que nos queda como sociedad, aunque parezca una paradoja que de la guerra provenga esa moral.

    Tres fechas que nos obligan a reflexionar, a pensar seriamente en dejar de jugar con el odio, que es jugar con fuego, pues cuando ese fuego abrasador se desate ya no habrá posibilidades de buscar caminos diferentes para salir adelante.

     

     

     

     

     

     

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