César Ríos

Sin tregua

Los argentinos sufrimos en los últimos tiempos bombardeos permanentes sin tregua de iniquidades de parte los funcionarios políticos. Uno espera de sus dirigentes el sabio pensamiento, la voluntad puesta en solucionar problemas y generar mejores condiciones de vida para todos, una atenta mirada de los problemas mundiales y de época para poder acompañar los procesos pertinentes, actitudes morales, honestas, como aquellas virtudes que históricamente se vieron de los grandes hombres y mujeres que llegaron a ocupar liderazgos en las sociedades, valentía a la hora de enfrentar las vicisitudes de la vida pública, cultura y conocimiento característicos de los espíritus de avanzada, abnegación, empatía, solidaridad, en fin, una lista larga que describen a quien debería aspirar a dirigir los destinos de una comunidad, ya sea nacional o local. Pero terminamos recibiendo casi todo lo contrario.

Creo que la falta de esas cualidades son las razones por las cuales nos encontramos en tan delicada situación económica y espiritual frente a la pandemia. De todos modos, el ideal de ese liderazgo también se construye con actitudes y aptitudes de un pueblo. En última instancia, nuestros dirigentes son los verdaderos representantes de nosotros como pueblo: si nos roban en la cara, vivimos en inseguridad, no hay control de los contagios de coronavirus y el desorden impera en todos los frentes, es porque permitimos que eso pase frente a nuestras narices. Diciendo poco y haciendo nada. Padeciendo en silencio. Soportando que de uno y otro lado digan y hagan tantas imbecilidades que asusta. Viendo cómo nuestras riquezas se van por nuestros puertos y nosotros cada vez más pobres. También asistiendo al incremento patrimonial de muchos dirigentes y adláteres sin siquiera avergonzarnos.

Nos encontramos devastados por la pandemia y por la economía, ambas generadas por el ser humano. La primera, si no es por un laboratorio es por la conducta que adoptamos frente a la naturaleza, que nos devuelve la “gentileza”; la segunda, por las ambiciones desmedidas que engrandecen las miserias.

Creer que las conductas humanas no tienen nada que ver con todo esto es la pura ignorancia de quienes les cuesta pensar y decidir sobre su propio futuro.

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