César Ríos

Más de lo mismo: contaminación y peligro

Explosión de la empresa ACA el 26 de abril del año 2002

El 26 de abril del año 2002 se produjo un gravísimo accidente en la empresa ACA (Asociación de Cooperativas Argentinas), ubicada en el corazón de la ciudad de San Lorenzo, cuando una violenta explosión sacudió la región, matando a tres personas e hiriendo a muchas más. También produjo roturas en muchas casas del vecindario, que se sumó a la permanente contaminación que emanaba hacia el barrio.

Ahora los vecinos del otro extremo de la ciudad deben soportar la contaminación de Nouryon, la primitiva Duperial o ICI, nombres que quedaron atrás en el tiempo, pero que son símbolos de la grave contaminación ambiental en nuestra zona. Quizás en los primeros años el problema de la contaminación no se hallaba registrado por la mayoría de los ciudadanos y tampoco estaba en las agendas de la política, pero hoy en día el cuidado del medio ambiente es una regla a cumplir en todas las empresas del mundo. Lo que ocurre es que en nuestro país se han relajado los controles que se deberían ejercer sobre las empresas que contaminan, que deben realizar inversiones en sus plantas para evitarlo, pero, al parecer, no lo han hecho, “gracias” a que los estados municipales, provinciales y nacionales no las controlan.

Históricamente la discusión en nuestra región se planteaba en que las empresas ya estaban antes de que se conformaran los barrios en sus cercanías, como si contaminar sin casas alrededor fuera lícito. A estas alturas de los tiempos la contaminación es un delito, ya sea que la fábrica se instale en medio de la nada o cerca de una ciudad. La consciencia ambiental ha avanzado mucho y las empresas lo saben y muchas lo cumplen, pero en nuestra región parece que se han dado pasos hacia atrás. A la polución ambiental que generan los miles de camiones que ingresan a los puertos, hay que sumarle el deterioro de las infraestructuras viales y la falta de inversión estatal y, por lo que se observa con lo ocurrido con Nouryon, la falta de control ahora nos hace sospechar de todas las empresas que están radicadas en el cordón: ¿quién vigila lo que se vierte al río, lo que eliminan las chimeneas y lo que se filtra a las capas de agua?

Si a todo esto le agregamos otro tema fundamental como es la seguridad, sería terrible pensar que a veces estamos bajo la égida del azar y que no ocurra otro accidente similar o peor que el ocurrido con la empresa ACA hace 19 años.

Todos se jactan de las grandes exportaciones, del lugar estratégico que significan el río y sus aguas profundas, pero a la hora de pensar en los ciudadanos que conviven con las empresas y ayudan a que esto sea posible, las ganancias se las llevan unos pocos y nosotros nos quedamos con el sabor amargo de la derrota, el olor de la contaminación y la posibilidad de vivir peligros inimaginables.

 

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