César Ríos

Avance narco: todos son sospechosos hasta que se demuestre lo contrario

El “búnker de Poucel y Artigas”

A pocos días de conocerse imputaciones a los narcos que mataron por error a Rodrigo Gigena en el 2019 y de otros hechos cometidos últimamente por sicarios en barrio Norte, vecinos de las inmediaciones de Dr. Poucel y Artigas deben soportar tiroteos nocturnos vinculados a una propiedad que fue usurpada. Aunque ya han sido tapialadas todas las entradas de lo que se conoce como el “búnker de Poucel y Artigas”, parece que todavía pueden ingresar y lo que parece ser una disputa narco se ha convertido en una pesadilla para todo el barrio.

Semanas atrás se realizó un allanamiento a cargo de Gendarmería y ¡oh, casualidad!, los okupas ya se habían retirado, para regresar luego de que se fueran las fuerzas federales. Es evidente que alguien se encargó de avisarles, por lo que se olfatea la vinculación de ciertos narcos con las autoridades. Pero, ¿qué autoridades? Bien, puede ser tanto la justicia, como alguna fuerza policial, como el poder político, en fin, como nadie se hace cargo de terminar con este tema todos parece ser sospechosos.

Esto es lo anecdótico de un caso, que se repite en muchos barrios del cordón industrial y ni hablar de Rosario o el resto de la provincia de Santa Fe.

El título de la nota parece ir contra el sentido común de la justicia: todos son inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Pero en este caso, me puedo dar la licencia de invertir esa carga de la prueba.

Las oscuras fuerzas del narcotráfico avanzan rápidamente, ante la inacción o complicidad del poder político, pues es el único que tiene la facultad de velar por la seguridad de todos los ciudadanos. El poder político es el que ordena y controla a la policía y el que debería también controlar a la justicia, porque es el poder que surge de la representación ciudadana a través del voto popular. Esta es la base de la democracia. Entre todos elegimos a quienes van a llevar adelante los cambios que la ciudadanía decide realizar para vivir mejor.

Pero ocurre un problema de fondo que la ciudadanía debería entender: el accionar violento de las mafias del narcotráfico no se sostiene sin el accionar delictivo e hipócrita del lavado de dinero, del cual participan muchos más de lo que la gente cree. Deberíamos preguntarnos de dónde sale el dinero para construir tantos edificios, para instalar tantos negocios en medio de una crisis y de parte de gente que hasta ayer eran lúmpenes políticos y hoy son iluminados por el poder.

Creemos que si se matan entre ellos es un favor a la sociedad, pero es un error y deberíamos aprender de otros países que sufrieron el mismo proceso que estamos sufriendo los argentinos. Siempre creemos que los problemas se van a solucionar solos, pero en realidad el problema sigue creciendo y crecerá hasta tal punto que el día de mañana será tarde para intentar solucionarlo.

Hace tiempo que advertimos que se estaban instalando las mafias narcos en nuestra zona. Ya están instaladas y cuando eso ocurre mayor es la cantidad de funcionarios que se corrompen. En una sociedad donde se aprecia el crecimiento económico que surge de la nada, de gente que le brota el dinero como si un hada madrina se lo otorgase y donde esa gente es admirada y tenida por poderosa y magnánima, los valores se restringen a unos pocos individuos temerosos de ser estigmatizados por el resto.

La solución está en la conducta ciudadana, en la conducta de los gobernantes y luego en el accionar de las fuerzas que deben reprimir a aquellos que delinquen. En ese orden ordenamos este caos que cada vez se torna más insoportable.

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