César Ríos

Conductas para defendernos de los males que nos aquejan

Estamos viviendo épocas difíciles,  desde una pandemia que ha dejado muertos, economías devastadas, personas con problemas de todo tipo, hasta gobernabilidades inviables que hacen trizas nuestras economías, con precios que se disparan y se alejan del bolsillo de todos, con cierres de comercios y falta de trabajo y con avances geométricos de la delincuencia y del narcotráfico, éste último con ribetes de escandalosa impunidad. Muchos de estos temas los he tratado en ediciones anteriores y siempre parece que vivimos lo mismo, como si fuera una película de terror que alcanza a un personaje en un círculo de reiteradas oportunidades. Una repetición malévola y maldita que causa miedo y angustia.

Las razones pueden ser múltiples, pero hay una que se emparenta con la historia, porque tiene que ver con las actitudes humanas que hacen que todo esto se repita una y otra vez.

Los valores que hemos perdido como sociedad han ayudado al avance de las mafias, llámese narcotráfico, lavado de dinero, corrupción en los gobiernos, y también al avance de dirigentes que no están a la altura de los tiempos. Su obsesión por el dinero y el poder en sí mismo han generado verdaderos monstruos modernos, lejos de los clásicos de la fantasía que a esta altura de los acontecimientos se nos presentan como queridos y entrañables. Estos monstruos modernos, disfrazados de correcta actitud y aparentes conocimientos, encarnan la hipocresía misma de la decadencia, de la cual no escapan muchos ciudadanos que terminan mostrando una ruindad descomunal.

Lo ocurrido con el caso de las “vacunaciones vip” nos señala claramente el estado espiritual de muchos de los argentinos. La capacidad y su historia como médico sanitarista de Ginés González García es apreciada por muchos profesionales de la salud. Pero ha caído en el encanto de las sirenas y ha mostrado el costado más débil de los seres humanos en situaciones de crisis. Esta es la punta del iceberg de la inmoral y ruin actitud de muchos argentinos, de cualquier ideología y partido político. Porque vacunaciones vip se han dado en todo el país y muchos más se preparaban para los próximos días, pero que fue frenado por este caso nacional.

Más allá de las personas involucradas, este caso nos muestra con claridad la gran debilidad moral en aquellos que nos representan, no solo en política sino también en otras áreas de la sociedad, pues a sabiendas de que hay mucha gente con necesidad de vacunarse por estar en la primera línea de lucha contra el virus cometen la avivada de “colarse en la cola”, en un acto de egoísmo fatal. Es como si en una situación de supervivencia, donde se encuentra racionada el agua y la comida, alguien a hurtadillas bebe y como porque tiene sed y hambre, como si los otros no lo tuvieran.

En sociedades antiguas esta conducta era castigada hasta con la muerte o por lo menos con el destierro. Era la cobardía, el egoísmo y la más baja actitud que una persona podría tener. En ellos no se puede confiar porque la vida de otros depende del respeto y acuerdo que se debe tener para la supervivencia.

Por eso parecemos condenados a no sobrevivir a todas estas peripecias de la vida en sociedad, en tanto y en cuanto no recuperemos esa conducta que alguna vez nos ayudó a crecer. Y no son utopías, hombres como Belgrano y San Martín han dado sobradas muestras de la posibilidad de mantener conductas ejemplares.

Y es eso lo que nos falta: conductas, ejemplos, que con su solo accionar pulverizarían cualquier hipócrita actitud de engañar a todos en beneficios de unos pocos.

 

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